El torero de la semana

Fermín Rivera

Por: Jorge Raúl Nacif – Foto: Archivo

“Se torea como se es”, dicta una añeja sentencia taurina. En Fermín Rivera Agüero dicha frase cobra un magistral relieve, pues se trata de un ser humano sobrio y refinado, que actúa con despaciosidad para ir saboreando cada uno de los instantes que regala la vida.

Delante del toro, Fermín es fiel a lo que le dicta su alma, de tal manera que su tauromaquia lleva el sello de lo bien hecho, de aquel “despacito y buena letra” que decían los profesores de otros tiempos. Lo anterior le ha convertido en un matador que expone el toreo clásico.

El clasicismo no es otra cosa que buscar que brote la emoción a través del toreo puro; es decir, alejarse de artilugios y efectismos para estructurar la lidia respetando siempre las tradiciones dentro del ruedo, con sobriedad y medida. Esta concepción tiene por base el toreo fundamental, el que solamente necesita las suertes más profundas, dejando de lado adornos “chabacanos”.

Nacido en San Luis Potosí el 20 de noviembre de 1988, es miembro de una de las dinastías taurinas más importantes del orbe. Nieto del maestro Fermín Rivera Malabehar y sobrino del maestro Curro Rivera, en su torrente espiritual confluyó la vocación que le inspiró a seguir el camino del toreo.

Y si desde su presentación como novillero ya apuntaba condiciones de un torero académico, su debut en la Plaza México aquel 3 de julio de 2005 causó un impacto especial. Máximo triunfador de aquella Temporada Chica, ganó por derecho propio recibir la alternativa en el monumental escenario capitalino, en corrida programada para el 6 de noviembre de aquel año.

Con todos los honores, recibió los trastos de manos del maestro Eulalio López “Zotoluco”, en presencia de Enrique Ponce, frente a un toro de Fernando de la Mora que llevó por nombre “Soberano”. Buenas sensaciones con el del doctorado, pero tres avisos ante su segundo, lo que constituyó un revés que no sería impedimento para seguir adelante.

Vivió Fermín años complicados, pero no se dio por vencido. Con ese espíritu, fue eslabonando triunfos en cosos de provincia y reventó la Plaza México al cortarle las dos orejas a un toro que se llamó “Gavioto”, de San Mateo, la tarde del 6 de enero de 2013, día en el que dejó patente un recital de su tauromaquia.

Con un sitio bien ganado en el escalafón taurino nacional, Fermín Rivera mantiene intacta la ilusión de confirmar en Las Ventas de Madrid, hecho que merece con todas las de la ley.

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Imágenes: Archivo Nacif