El torero de la semana

Rodolfo Rodríguez “El Pana”

Por: Jorge Raúl Nacif – Foto: Archivo

“Cansado de ser un cuerdo mediocre, me dio por ser un loco genial”, solía decir con cierta guasa Rodolfo Rodríguez “El Pana”, un hombre polifacético que fue fiel exponente de aquel romanticismo que quedó atrapado en el tiempo.

El Pana, personaje taurino creado por Rodolfo Rodríguez -como él siempre lo confesó-, difícilmente lograría afianzarse en lugares importantes dentro del escalafón. Sus actitudes polémicas, además de la escasa diplomacia que mostraba y el hecho de que el hombre caía continuamente en los vicios, como el infierno del alcoholismo, no permitieron que su carrera despegara acorde a la calidad de su personalidad.

Dotado de un aroma especial, nuestro “Torero de la semana” nació -de acuerdo con sus datos oficiales- el 2 de febrero de 1952 en la ciudad de Apizaco, Tlaxcala. Su infancia fue marcada por la pobreza y desde muy pequeño tuvo que trabajar para ayudar al sostén familiar, dada la temprana muerte de su padre, el policía judicial Guadalupe Rodríguez.

Desde chico trabajó para ayudar a su madre y a sus siete hermanos. Uno de sus primeros oficios fue vendedor de gelatinas, pero también laboró como sepulturero y panadero, la actividad de la que se derivó su sobrenombre. Fue Agustín Flores “Minutito” el que lo introdujo al mundo del toro, pues tenía una cuadrilla de torerillos.

Los años pasaban y El Pana recorría la legua en busca de oportunidades, toreando en aquellos pueblos de Dios y enfrentándose muchas veces a ganado de desecho o media casta. Siempre a contracorriente, no perdía la ilusión de ser torero y sacar de la miseria a su familia.

Tras mucho insistir, llegó su debut en la Plaza México dentro de una novillada de selección, el 8 de agosto de 1978, tarde en la que desorejó a un ejemplar de Santa María de Guadalupe, causando gratas sensaciones. Un año antes, el 9 de septiembre de 1977, se había tirado de espontáneo en este mismo coso, en lo que fue aquella recordada faena de El Capitán al novillo “Pelotero”, de San Martín.

Esa Temporada Chica fue la de su consolidación en el escalafón menor y actuó en 12 festejos, construyéndose una rivalidad muy interesante con César Pastor. Heterodoxo y con aires de torero antiguo en sus procedimientos, desde aquel entonces generaba ya una gran polémica y dividía opiniones.

La corrida de su alternativa llegó el 18 de marzo de 1979, de manos de Mariano Ramos y bajo el testimonio de Curro Leal, ante un encierro de Campo Alegre. Las cosas no se dieron bien para el toricantano, que aquel día llegó a La México en calesa y bajo olor de multitudes. Ahí iniciaba un camino marcado por la irregularidad.

La historia dictará que le cerraron las puertas a El Pana, aunque también es cierto que él mismo eclipsó muchas otras. A lo largo de los años de altibajos hubo un poco de todo, pero su vida cambió radicalmente la tarde del “Milagro”, el 7 de enero de 2007, día de su supuesta despedida en la Plaza México.

Aquella corrida, en la que le confirmó la alternativa al catalán Serafín Marín, fue de auténtica locura y trascendió -así como su brindis a las “suripantas”- más allá del entorno taurino. A grandes alturas rayaron sus faenas ante el lote de Garfias y el torero decidió ya no despedirse. Los teléfonos comenzaron a sonar y las fechas engrosaron una agenda que por años se vieron desoladas.

Tras muchos años de alternativa, pisó por vez primera varios cosos de México e incluso llegó a debutar en España, el 29 de febrero de 2008, en el Palacio de Vistalegre de Madrid, en mano a mano con Morante de la Puebla, con quien ya se había medido semanas antes en La México.

Por momentos volvía a caer en sus infiernos y rondando estuvo la muerte, pero con voluntad sabía siempre salir adelante el ya veterano torero tlaxcalteca. Duran te sus últimos años llegó a pasar largas temporadas en Europa e incluso sumó fechas en cosos de Francia o España, donde dejó huella.

El 6 de marzo de 2016 llevó a cabo la primera encerrona de su carrera, en Texcoco, y el domingo 1 de mayo en Ciudad Lerdo, Durango, el toro “Pan Francés”, de Guanamé, le arrebató una vida que, en el transcurso de un mes y a pesar de los esfuerzos médicos, terminó por entregar. La lesión raquimedular tras la dura caída fue irreversible y El Pana, condenado a una cuadriplejía, murió en el Hospital Civil de Guadalajara.

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Imágenes: Archivo Nacif