Evocación

Un lustro sin Chespirito

Por: Jorge Raúl Nacif – Foto: @ChespiritoRGB

Ha pasado un lustro de la muerte de un fabuloso personaje de la televisión. Roberto Gómez Bolaños dejó un hueco tan grande como su legado, estela de luz que transita de generación en generación no soloamente para hacer reir a carcajadas, sino también para recordarnos el sentido hondo de la vida.

Mucho se comenta en los medios de comunicación sobre la brillante trayectoria de este personaje tan versátil (pues no sólo fue actor, sino principalmente guionista y productor),conocido y reconocido en una inmensa cantidad de países.

Sin embargo, más allá de nombrar los éxitos y la estadísticas, un buen recuerdo es traer a la mente su mensaje y hacerlo vida. Y así es, pues todos y cada uno de los programas, dentro de las carcajadas, chistes y simpatías, buscaban la reflexión positiva del telespectador, tanto de los niños como de los adultos.

Nos parece que la principal enseñanza de don Roberto es que las cosas aparentemente más sencillas o normales de la vida, aquellos momentos o elementos que suelen pasar desapercibidos, son en realidad el vehículo más seguro para poder alcanzar la felicidad.

Chespirito nos ha enseñado que no necesitamos hacer cosas raras o extraordinarias, sino que en el entorno de lo cotidiano, y como seres de carne y hueso, labramos ese camino de la alegría; en efecto, la felicidad no es un objetivo final, sino que brota en el camino mismo que transitamos día con día.

Lo anterior sin olvidar que lo más importante un ser humano es la nobleza de su corazón y esa capacidad para nunca dejar de lado ese “niño” que llevamos dentro. Y sin duda que todos los personajes que interpretó contaban con esa tendencia de buscar ya no digamos “el bien”, que puede parecer un término abstracto, sino simplemente hacer más agradable la vida de los demás.

No podemos pasar de largo un bonito guiño a la Fiesta que apareció en alguno de sus programas, concretamente cuando encarnaba quizá uno de sus personajes más famosos, como lo es el “Chavo del ocho”. En aquellos tiempos, hace más de tres décadas,  no era “políticamente incorrecto” hacer alguna alusión a la tauromaquia, lo que hoy se censura en esta sociedad hipócrita.

En aquel programa, El Chavo y Quico toreaban de salón con la muleta y haciendo uso de una carretilla que -nos parece recordar- era del bien ponderado don Ramón, el cual les contaba que había probado fortuna como torero en sus años mozos, una de tantas actividades que desempeñó.