El torero de la semana

Enrique Ponce

Por: Jorge Raúl Nacif – Foto: Archivo

Uno de los toreros con mayor carga estética es sin duda el valenciano Enrique Ponce, dueño de una tauromaquia que asimiló la técnica del toreo desde muy corta edad.

La combinación de técnica y estética, así como la personalidad que manifiesta en el redondel, genera la irrupción del arte, ese concepto que muchas veces en el entorno taurino se utiliza a destajo. Conocedor como pocos de lo que implica la vocación torera, Ponce disfruta pasar largo rato delante de la cara de los toros para extraer el fondo de cada uno.

La carrera de Enrique Ponce inició como niño torero de la mano de su abuelo, Leandro Martínez, quien le inculcó la afición a la Fiesta Brava y le llevó a dar sus primeros capotazos a una becerra.

Su debut sin caballos fue el 10 de agosto de 1986, cuando contaba todavía con 14 años, pues nació en Chiva, Valencia, el 8 de diciembre de 1971. Se presentó con los del castoreño el 9 de marzo de 1988, en Castellón, y el 1 de octubre del mismo año debutó en Las Ventas de Madrid.

Enrique, que se convirtió en un novillero importante y toreó más de 100 festejos menores, recibió la alternativa en la plaza de Valencia, lo que tuvo verificativo el 16 de marzo de 1990. José Miguel Arroyo “Joselito” le cedió los trastos, en presencia de Miguel Báez “Litri” y ante ejemplares de Puerta Hermanos.

Confirmó en Las Ventas el 30 de septiembre de aquel año, llevando como padrino al genial gitano Rafael de Paula, en presencia de Luis Francisco Esplá, con toros de Viuda de Diego Garrido. En este coso de la calle de Alcalá, Enrique Ponce ha conquistado tres salidas por la Puerta Grande, mismas que tuvieron lugar en los años 1992, 1997 y 2002.

Más allá de este galardón, ha cuajado faenas de trascendencia en Las Ventas y una de las más recordadas es la lograda ante “Lironcito”, de Valdefresno, en 1996, una combinación de poder y arte, un trasteo modélico; no le tumbó las orejas debido a que el toro se amorcilló tras la estocada y tuvo incluso que hacer uso del descabello, para entonces llevarse solamente un trofeo.

En la Plaza México siempre ha sido de los toreros favoritos y ha cuajado grandes faenas en este escenario. Sin embargo, debido a las fallas con el acero, perdió muchas veces los máximos trofeos. Confirmó en el coso monumental el 13 de diciembre de 1992, cuando llevó como padrino a Guillermo Capetillo y de testigo a David Silveti. El toro de la ceremonia llevó por nombre “Nevado”, de la ganadería de La Venta del Refugio, el cual le infirió una cornada en el muslo derecho.

Su primer rabo en Insurgentes lo cortó hasta el año 2005, en la inauguración de la Temporada Grande 2005-2006, a un toro de Fernando de la Mora, mientras que el segundo fue en febrero de 2009, ante un ejemplar de San José.

Durante varias temporadas -dentro de la década de los noventa- Enrique Ponce superó las 100 corridas por año. En 2010, esta figura de época superó la rotundo cifra de las dos mil corridas toreadas, alcanzando un lugar muy especial en la historia, pues Ponce siempre ha sido un torero de cantidad pero, sobre todo, de calidad.

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Imágenes: Archivo Nacif