Pluma ganadera

La emoción de la bravura

Por: Juan Pedro Barroso – Jaral de Peñas

Todos los ganaderos buscamos la bravura y la calidad en nuestros toros; trabajamos siempre en una continua selección de una muy variada serie de caracteres de comportamiento, tales como la acometividad, la prontitud, la repetición, la alegría, el galope, la fijeza, la movilidad y la duración, para después sumarle los caracteres relativos a la calidad, como lo son la humillación, el ritmo , el temple , la colocación de la cabeza y el recorrido .

La dificultad radica, en primera instancia, en que trabajamos con todos estos caracteres de comportamiento y no solo físicos como otras selecciones de animales; muy diferente y medible es trabajar con la producción de litros de una vaca lechera o la velocidad de un caballo de carreras.

Todos los caracteres con los que trabajamos los ganaderos de bravo son muchas veces subjetivos; lo que para un aficionado es una cualidad, para otro puede pasar desapercibida o hasta ser un defecto. Otra dificultad radica en que al seleccionar determinados caracteres unos se contraponen con otros, unos se heredan juntos y otros por separado (correlaciones genéticas).

Hoy mas que nunca necesitamos que el público vuelva en grandes masas a las plazas. Cuando un aficionado asiste a un espectáculo, tiene dos formas de emocionarse: una, con una faena de gran poder y valor por parte del torero, y otra con la expresión artística del mismo; ambas necesitan un toro realmente bravo .

Sin duda es un poema ver embestir un toro muy despacio y que un torero pueda crear una obra de arte en escena; esa ha sido la evolución del toreo y la parte esencial hoy en día de la tauromaquia, pero antes de eso debe existir la emoción de un toro realmente bravo. Creo en lo particular que también hoy en día necesitamos que el toro mantenga la calidad, pero que galope y se mueva para dar más espectáculo .

Como ganaderos, el único camino que tenemos para hacer grande la Fiesta es erradicar el toro del “bostezo”. El toro tiene que transmitir emoción al tendido y desde luego al torero, para que éste a su vez lo transmita también al publico.