Desde la barrera

Para hacer afición

Por: Alejandra Barroso – Especial

Innumerables tardes llenas de ilusiones, amistades que gracias al toro se han vuelto cercanas, lugares especiales y faenas que quedan grabadas por siempre; eso y más conforma la memoria de un aficionado a los toros desde el momento en que decide ser taurino, o más bien, desde que decide adoptar esta forma de vida como un nuevo estilo de vida.

La afición a los toros es una de las herencias más valiosas; domingo a domingo es tener la ilusión de que llegue las 4:30 de la tarde para ver hacer el paseíllo a los héroes de la actualidad, los toreros. Sí, a esos hombres que se dejan la piel en el ruedo y hacen vibrar a la afición arrancando los aplausos de los tendidos, definitivamente esa épica anhelada por muchos la encontramos en este arte.

Aquella tarde del 66 aniversario de la inauguración de la Monumental Plaza de Toros México la encontré. Fue un 5 de febrero de 2012, contexto ideal con un cartel inmejorable: Julián López “El Juli”, José María Manzanares, José Mauricio y Diego Silveti, con toros de Xajay. Mi afición a los toros nació ese día, ante el Coso de Insurgentes lleno y después de experimentar diferentes sensaciones me convencí, ya era taurina.

El disfrutar del ambiente que rodea esta tradición es un deleite, algo que no se puede explicar sin antes vivirlo, y la emoción de ser testigo de que una persona se juega la vida simplemente se convierte en algo sagrado. Rituales, olores, sabores, colores y música, la experiencia de vivir una corrida de toros lo es todo, acercarte a los toreros, la ilusión de comprar un boleto, ver el encierro a lidiarse o asistir al sorteo, es especial, pero cuando entras a la plaza de toros y tomas tu lugar sientes algo que pocas personas pueden contar.

No existe un manual del buen aficionado, pero en un contexto donde las cosas para la Tauromaquia se pueden complicar, es necesario que como aficionados exijamos lo que se paga en un boleto y, sobretodo, lo que merece la fiesta brava. Por tales razones me parece importante el compromiso de las empresas, ganaderías y toreros, y que la afición responda. Hace falta pensar que sin toros ni toreros hay fiesta, y sin afición no hay quien pague ni admire el arte que nos pueden brindar.

Se trata de un trabajo que para lograrse se necesita de ambas partes, de ser consientes que el futuro de la Tauromaquia se encuentra aquí, con los taurinos, respetándola y brindando el apoyo que merece, asistiendo a las plazas y teniendo en cuenta que la honestidad entre todos los actores que la conforman es fundamental.