Evocación

Alfonso Ramírez “Calesero”

Por: Jorge Raúl Nacif – Foto: Archivo

Hace 80 años, el 24 de diciembre de 1939, recibió la alternativa uno de los mayores exponentes de la tauromaquia mexicana a lo largo de todos los tiempos, Alfonso Ramírez “El Calesero”, suceso recordamos al evocar a esta figura del toreo.

Aquella tarde de 1939 y previo a la Nochebuena, el Toreo de la Condesa -de la Ciudad de México- fue testigo de la ceremonia de doctorado. El destacado novillero hidrocálido Alfonso Ramírezrecibía la borla como matador de toros y daba uno de los pasos más importantes dentro de la carrera de un torero.

El Calesero llevó como padrino a Lorenzo Garza, quien le cedió los trastos en presencia de David Liceaga, en un cartel de lujo para una ocasión que lo ameritaba. El toro del doctorado llevó por nombre “Perdiguero”, y perteneció a la legendaria ganadería de San Mateo.

Nacido en la ciudad de Aguascalientes el 11 de agosto de 1914, Alfonso actuó en la faceta de becerrista antes de debutar como novillero, lo que tuvo lugar en la plaza “San Marcos”, de su tierra, en abril de 1930, cuando apenas estaba por llegar a la edad de 16 años.

En 1935 conquistó el trofeo de la “Oreja de Plata” en el Toreo de la Condesa, uno de sus máximos logros como novillero, así como el indulto de un novillo de Pastejé en Monterrey, en el año 1937, al que cuajó materialmente de principio a fin en una faena sensacional.

Luego de tomar la alternativa en la fecha referida, ratificó su doctorado en Las Ventas de Madrid, lo que tuvo verificativo el 30 de mayo de 1946, tarde en lo que llevó como padrino a Pepe Luiz Vázquez y como testigo a Pepín Martín Vázquez, ante un encierro de Sánchez Cobaleda.

Fue la de Alfonso Ramírez una trayectoria sólida y en la que brilló el empaque de su tauromaquia, carrera en la que no estuvo exento de sufrir percances serios, pero siempre sacando el coraje para salir adelante y brillas en la llamada “Época de Oro” del toreo mexicano.

Una figura del toreo fue El Calesero, un torero de arte, pellizco y una gran suavidad para torear de capote y muleta. El llamado Poeta del Toreo no pudo haber sido un mejor mote para este maestro hidrocálido, que dejó para siempre su huella en la historia de la Fiesta en nuestro país.

Creador de la caleserina y base de una dinastía torera, la de “los caleseros”, Alfonso dijo adiós a la profesión en el año de 1966. Murió en Ciudad de México el 8 de septiembre de 2002, a la edad de 88 años.