Editorial

Uso y abuso de la “torería”

Por: Jorge Raúl Nacif – Director

De entre muchos fenómenos que aparecen hoy en día dentro de la Fiesta Brava, existe uno que me parece muy curioso. En el vocabulario de aficionados e incluso periodistas, se utiliza con mucha frecuencia la palabra “torería” para describir las evoluciones que los diestros llevan a cabo en el ruedo.

Más que un uso, es un abuso. Y es que parece que en cada toro, en cada lidia y en cada instante, hay “torería” por parte del espada en turno. No es así. La torería es un estado que no muchos a lo largo de la historia han conseguido transpirar y transmitir.

La torería puede definirse como ese “algo” que te delata como torero, aquello que nos lleva a decir: “¡Ahí va un torero!” Es un “ser, estar y actuar” dentro del ruedo, pero también fuera de él. La torería es donaire; una manera de comportarse que implica respetar la liturgia taurina en todas sus dimensiones.

Por lo tanto, aquellos diestros con torería cuidan cada detalle dentro del sagrado rito del toreo. Desde el paseíllo, la manera de dirigirse al público y a sus compañeros en el ruedo… y hasta los cites. Y claro, procurar torear con suavidad y reposo, manteniendo la expresión corporal al momento de pasarse los pitones por la faja.

Torería también es saber portar el traje de luces con dignidad y señorío, así como estar en el ruedo libre de “afectaciones” o “toreos de espejo”, lejos de desplantes chabacanos o plasmar la tauromaquia pensando solamente en la “galería” para provocar el aplauso fácil. Nada más alejado del concepto que hoy nos ocupa.

La torería es hermana de la naturalidad. Es momento para que todos ampliemos nuestro léxico taurino y narremos mejor aquello que sucede. Quizá los términos más adecuados para describir lo que vemos sea “elegancia” o “estética”, “alegría”, “clase”, “delicadeza” o “despaciocidad”. TORERÍA, en mayúsculas, es otro tema.