Editorial

Una gesta

Por: Jorge Raúl Nacif – Director

Encerrase con seis toros siempre ha sido una gesta, ni duda cabe. Joselito Adame lo hará de nuevo este viernes, dentro de la Corrida de la Insurgencia a celebrarse como cada año en San Miguel de Allende, Guanajuato, lo que implica un compromiso de máxima responsabilidad.

Adame ha actuado en solitario en Pachuca (2014), Aguascalientes (2015) y la Plaza México (2016), con lo que ha retomado una tradición que parecía haberse encapsulado en el tiempo. Generaciones atrás, salta a la vista el nombre del maestro Manolo Martínez como aquella figura que protagonizó triunfales encerronas durante su carrera, de las cuales cinco fueron en La México (cifra récord).

La primera condición para que un espada se encierre con seis toros es estar en el ánimo del público; es decir, interesar. Esto resulta fundamental, pues la afición que acuda a los tendidos (o siga la corrida a través de los medios de comunicación) tendrá que “chutarse” al mismo torero durante seis episodios.

Acto seguido, también se requiere que el diestro en turno cuente con una tauromaquia amplia y variada. Es menester ejecutar quites diversos, suertes de muleta y planteamientos, lo cual ayudará a mantener entretenido al tendido y evitar que aparezca el incómodo invitado de la monotonía.

Cierto es que la variedad ayuda poco si no se torea bien. Vamos, por delante siempre estará el “toreo del bueno”, aquel que se realiza con pureza y todo el sentimiento que pueda expresar el espíritu.

Lidiar y estoquear seis toros en una tarde requiere también un fondo físico importante. El torero debe contar con una condición impecable, a la cual se llegará focalizando una preparación para el compromiso en cuestión e , incluso, simulando escenarios. Así lo viví junto al maestro Zotoluco, que el mismo día de campo tentaba seis vacas o lidiaba seis toros a puerta cerrada.

La mente juega un papel fundamental. Resulta necesario traer a colación la filosofía del tenista Rafa Nadal del “punto a punto”; aquí tiene que ser “toro a toro”, dando un paso a la vez e ir resolviendo la papeleta poco a poco, dejando de lado la “saturación cerebral” para dar paso al disfrute. Cierto es que el público disfruta en la medida en la que el torero es capaz de hacerlo.

Siempre resultará interesante ver a un matador lidiar seis toros en una sola tarde. Y es que esto tiene un gran peso específico que raya en la heroicidad. Finalmente, los toreros son los últimos héroes de nuestros tiempos.