El torero de la semana

José Tomás

Por: Jorge Raúl Nacif – Foto: JRN

Uno de los toreros más representativos de la actualidad es, sin duda, José Tomás. Rozando tesituras casi míticas y dotado de una inigualable personalidad, genera una desbordante expectación cada que decide enfundarse en el vestido de luces y salir a escena, algo que infelizmente no es común.

Este gran personaje de la Fiesta Brava vio la luz por vez primera el 20 de agosto del año 1975, en la localidad de Galapagar, Madrid,

Sobrino nieto del reconocido ganadero Victorino Martín, José Tomás Román Martín inició su andadura en el mundo de los toros con la actuación que tuvo en el año de 1989 en Colmenar Viejo, a los 14 años edad, en lo que fue su debut en público como becerrista. Su presentación de luces ocurrió el 7 de febrero de 1991, en Valdemorillo, actuando sin caballos.

Inevitable mencionar su trayectoria como alumno destacado del bien recordado Antonio Corbacho, un personaje fundamental en su vida. Con los del castoreño se presentó el 24 de junio de 1993, en Benidorm. Luego vendría para el madrileño la aventura en tierras mexicanas.

Decidido a abrirse camino en México, debutó en nuestro país la tarde del 26 de enero de 1994 y lo hizo en la plaza “La Paloma”, de Puerto Vallarta, Jalisco. Pisó por vez primera la Plaza México el 3 de julio de 1994, festejo en el que alternó con Uriel Moreno “El Zapata” y Rogelio Treviño, ante novillos de Manolo Martínez.

Ese año sumó 28 novilladas en nuestro país, incluidas otras tres en la Plaza México. El 24 de septiembre de 1995 se presentó en Las Ventas de Madrid y abrió la puerta grande. A lo largo de su carrera como novillero con caballos, José Tomás toreó 84 festejos, de los cuales fueron 32 en suelo mexicano.

El domingo 10 de diciembre de 1995, el maestro José Tomás se convirtió en matador de toros, pues recibió la alternativa en la Plaza México de manos de Jorge Gutiérrez. En presencia de Manolo Mejía, el maestro Gutiérrez le cedió al toro “Mariachi”, de la ganadería de Xajay, herrado a fuego con el número 283 y un peso de 500 kilos. Tras liquidarlo, dio una vuelta al ruedo.

Desde los albores de su trayectoria mostraba el concepto de la quietud y poniendo la verdad por delante, sin dar un paso atrás y ya con ese halo de misticismo que lo ha caracterizado, toreo que no estaba exento de arte y que generaba emociones intensas entre los espectadores.

Confirmó en Las Ventas de Madrid el 14 de mayo de 1996, de manos de José Ortega Cano y en presencia de Jesús Janeiro “Jesulín de Ubrique”. El toro de la ceremonia se llamó “Jumito”, de Jandilla, y José Tomás le cortó una oreja al sexto de la tarde

Luego de permanecer casi cinco años en el retiro, de 2002 a 2007, Tomás volvió a los ruedos y lo hizo de forma apoteósica, en Barcelona. Tres años después vendría la dura cornada de Aguascalientes, el día que “Navegante” le partió la femoral y lo ponía entre la vida y la muerte. Antes, ya había sufrido un percance de similar gravedad, en Autlán de la Grana, Jalisco, en febrero de 1996, cuando lograron de igual manera salvarle la vida.

No fue fácil superar el trance de Aguascalientes, pero el de Galapagar volvió a los ruedos, siempre con su verdad por delante. Y lo hizo toreando menos que antes, reduciendo su actividad a tres, cuatro o cinco corridas al año, pero cada una de éstas siendo un auténtico acontecimiento que mueve masas, tal y como lo vimos en Juriquilla, Aguascalientes o la Plaza México.

Una de sus tardes más representativas de ésta última etapa fue la del 16 de septiembre de 2012, en el magnífico Coliseo de Nimes, en Francia, cuando vivió una apoteósica encerrona y rayó a alturas que pocos toreros han alcanzado.

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Imáganes: Jorge Raúl Nacif