Evocación

La alternativa de Manolo

Por: Jorge Raúl Nacif- Foto: Palomo

Era la tarde del 22 de enero de 1983. El reconocido novillero Manolo Mejía se convertía en matador de toros, en el marco de una pletórica entrada en la plaza “La Luz”, de León, Guanajuato, y en medio de un cartel de auténtico lujo.

El diestro de Tacuba fue apadrinado por Eloy Cavazos, mientras que por testigos fungieron Antonio Lomelín y Miguel Espinosa “Armillita”. El toro de la ceremonia llevó por nombre “Pobretón”, de la ganadería de San Martín, al le cortó una oreja.

Manolo Mejía llegó al doctorado cuando apenas estaba por cumplir 18 años, pues nació en México D.F. el 21 de mayo de 1965, y arropado por una muy interesante campaña novilleril, en la que formó aquella recordada trilogía al lado de Valente Arellano y Ernesto Belmont.

Como niño torero había debutado diez años antes, el 30 de abril de 1973, en la localidad de Ojo de Agua, Estado de México, mientras que su presentación formal como novillero aconteció en la pintoresca plaza “La Florecita”, de Ciudad Satélite, la tarde del 25 de mayo de 1980.

Pisó La México por vez primera el 16 de agosto de 1991. En este coso cortó un rabo como novillero la tarde del 16 de enero de 1983, al ejemplar de nombre “Bravío”, de Manolo Martínez. Aquel día dio la vuelta con el maestro Martínez, la primera de su vida como ganadero en esta  “su plaza”.

Luego de convertirse en matador de toros, Manolo Mejía ratificó el doctorado en la capital de la República el 27 de enero de 1985. Fue su padrino, nada más y nada menos, que el maestro Antonio Chenel “Antoñete”, en tanto que Eloy Cavazos fungió como testigo, frente al toro llamado “Cantarero”, de De Santiago.

Los años pasaban y Mejía no lograba consolidarse. Escaseaban las oportunidades y, mientras meditaba retirarse para engrosar las filas de los subalternos, se encontró con el recordado toro “Costurero”, de Garfias, durante una corrida nocturna en la Plaza México y, pese a no tocar pelo, volvió a la vida taurinamente hablado. Aquello fue un 7 de octubre de 1993.

Confirmó en Las Ventas de Madrid el 3 de julio de 1994. Jorge Manrique le cedió los trastos en presencia de Julio Norte, ante un astado de José Escolar de nombre “Fanfarrón”. Volvería a Madrid en 1996, aunque sin mayor fortuna.

La siguiente Temporada Grande en La México fue la de su consolidación. El 27 de noviembre de 1994 cuajó e indultó a “Zalamero”, de Manolo Martínez, y quince días después le cortaría las orejas y el rabo a “Desvelado”, toro de regalo que pertenecía a la misma dehesa del maestro.

Aunque los años restantes estarían marcados por la irregularidad en cuanto a los triunfos, Manolo Mejía se mantuvo vigente con base en el solvente oficio que desarrolló a lo largo del tiempo y que le convirtieron, además, en un magnífico tentador en las casas ganaderas

Su despedida fue el 2 de diciembre de 2012, en la plaza de sus amores, día en el que le tumbó una oreja al toro del adiós, “Alicoche”, de Marco Garfias, y le confirmó el doctorado al español David Mora.