Evocación

Tres décadas sin Pepe Alameda

Por: Jorge Raúl Nacif – Foto: Archivo

Hablar de Pepe Alameda es evocar la máxima referencia de la comunicación taurina en la historia de este país y, quizá, a nivel internacional. Ícono de todos aquellos un día soñamos con dedicarnos al periodismo taurino, el maestro logró lo que muy pocos han conseguido en las diferentes ramas del conocimiento: trascender.

Tres décadas han pasado desde su fallecimiento, pues éste acaeció la tarde del 28 de enero de 1990, en la capital de la República Mexicana. Era domingo, día de corridas, en una de tantas casualidades del destino.

Luis Carlos José Felipe Juan de la Cruz Fernández y López Valdemoro fue un hombre culto y refinado, de trato amable y categoría a raudales. Poeta por vocación y escritor por convicción, su legado va mucho más allá del planeta de los toros.

Madrid, la capital de España, lo vio nacer el 24 de noviembre de 1912. Vivió en México desde 1940 y a partir de 1941 comenzó su labor como cronista taurino, a raíz de una invitación por parte de la estación XEB, en la Ciudad de México.

Innumerables su transmisiones de radio y televisión desde la Plaza México y otros cosos de nuestra geografía, así como aquel recordado programa “Brindis Taurino” de Canal 4 y las crónicas escritas en el diario El Heraldo de México. De voz impecable, sus letras contaban con idéntica calidad y solera.

A su talante intelectual y una admirable facilidad de palabra, debemos agregar su profundo conocimiento sobre la tauromaquia, el cual lo convertía en un auténtico especialista de su materia. Prueba de ello es su recordada frase: “El toreo no es graciosa huida, sino apasionada entrega”. Aquí se resume el sentido hondo de nuestra amada Fiesta.

Eterno recuerdo a Pepe Alameda. Fue, es y seguirá siendo ejemplo para las generaciones venideras.