Editorial

Figura del toreo

Por: Jorge Raúl Nacif – Director

En el entorno de la Fiesta Brava es común el debate sobre cuáles son las características de un torero para ser considerado “Figura”. Evidentemente esta condición solamente la otorga el público, pero resulta interesante analizar algunas cualidades que desde mi óptica convierten a un matador en figura, partiendo de la base que el toreo no es de velocidad… sino de resistencia.

Por ello, una figura del toreo generalmente no llega a serlo en sus dos o tres primeros años de alternativa. Como excepción en épocas recientes pondría a Julián López “El Juli”, que desde novillero se puso en figura, pues el maestro es un fenómeno del toreo y a los 14 años se desenvolvía como si llevara dos décadas en esto.

Pongamos sobre la mesa las características. En primer lugar, debe ser un torero que transmita emociones al tendido. Cierto es que en la tauromaquia hay diferentes tipos de emoción, pero resulta fundamental que el lidiador genere sensaciones en el tendido y cause un impacto. Una figura no puede ser gris en cuanto a sus evoluciones en el ruedo, sino mostrar personalidad dentro y fuera.

También es clave el dominio técnico. Una figura alcanza el grado de maestría y muestra el oficio bien desarrollado para lograr imponerse a las diferentes circunstancias que ofrezca el ganado bravo. La figura entiende al toro y sabe plantear la lidia adecuada para obtener partido.

Por ello, es capaz de destacar con el llamado “toro medio”. De manera muy simplista, podemos decir que al bueno lo cuaja,  al medio le saca juego y con el malo resuelve. Incluso, al toro complicado le descubre virtudes con base en técnica, colocación y comprensión.

No me atrevo a decir que una figura lo es por el número de orejas cosechadas. Las orejas son “retazos de toro”, afirmaba el maestro Manolo Martínez. Importan, sí, pero vale más el impacto que un torero cause en los aficionados. David Silveti cortó pocas orejas, pero fue un figurón del toreo.

Siempre se ha dicho que una figura del toreo abarrota las plazas. Estoy de acuerdo. No obstante, y debido a la complicada situación que vive la Fiesta Brava, esto no siempre es posible. Si bien no llenos monumentales, sí es verdad que una figura todavía lleva gente a los cosos y está en boca de los aficionados, para bien o para mal. Y digo esto porque una figura cae en la posibilidad de dividir las opiniones.

De lo anterior se desprende el hecho que una figura “manda” en los despachos. Si este torero es el que mete a más gente, en teoría adquiere poder de decisión para determinar en qué cosos torear, qué ganado lidiar y con quién alternar.

El camino del toreo es largo y se presenta lleno de obstáculos. Muchos son los llamados, pero pocos los elegidos. Disciplina y constancia son las virtudes requeridas… y también, por qué no decirlo, una pizca de buena suerte.