El torero de la semana

Rafael Gil “Rafaelillo”

Por: Jorge Raúl Nacif – Foto: JRN

Agitanado y romántico de la Fiesta, Rafael Gil “Rafaelillo” nació el 16 de septiembre de 1950, en la ciudad de Tijuana, Baja California. Enamorado del toro, escapó de su casa a los once años para buscar ser torero.

Luego de un camino no fácil, corriendo la legua y con sabores y sinsabores, su sueño poco a poco fue tomando entidad hasta que, el 25 de diciembre de 1971, se doctoró en San Luis Potosí, de manos de Manolo Martínez y bajo el testimonio de Paquirri, ante el toro “Caltanguero” de San Martín.

Ahí inició una nueva lucha, una batalla de vida que ha quedado marcada por el fuerte castigo que le han inferido los toros. Sus 46 cornadas así lo avalan, estando al borde de la muerte en tres de éstas, pero siempre con la mirada arriba y una voluntad que no terminaba.

Y más allá de sus múltiples percances, el aroma que Rafaelillo ha dejado en los ruedos, siempre con su coleta natural, quedará intacto. Sentimiento y solera, con un valor muy particular, ahí permanecerá en el recuerdo, lejos del olvido pues, cuando un torero deja huella, ésta permanece por sobre todas las cosas.

Rafael Gil ha brindado su toreo también en España. Confirmó la alternativa en Las Ventas de Madrid el 18 de julio de 1974, llevando como padrino a Julio Vega “Marismeño”, y logró sumar cuatro tardes en el coso más importante del mundo a lo largo de su trayectoria. El 29 de diciembre de ese año confirmó en la Plaza México y fue su padrino Eloy Cavazos.

Queda para el recuerdo el rabo que cortó en Barcelona en el año de 1974, a un ejemplar de Pérez Tabernero. Su última temporada en España fue en 1988, año en el que recibió una grave cornada, penetrante de vientre, percance que todavía ha tenido algunas secuelas y del que incluso tuvo que volver a ser intervenido hace unos cinco años.

Dotado de una gran personalidad, Rafaelillo siempre ha tenido una forma muy particular de interpretar el toreo, impregnado de arte gitano sin dejar de lado el valor que lo llevaba a pisar terrenos comprometidos y pasarse muy cerca los pitones.

Torero de la legua, el romanticismo es el sello más evidente en su tauromaquia y en su forma misma de vivir; es torero y vive en torero las 24 horas del día. Siempre amable y con todo el verso del mundo, paliacate anunado al cuello, sombrero y hasta una arracada; así es Rafael, todo un personaje de nuestra Fiesta.

A pesar de cortarse la coleta el 31 de marzo de 2012 en Texcoco, Estado de México, de vez en vez ha vuelto Rafaelillo a ponerse delante en festejos públicos, como la exitosa corrida del Sábado de Gloria, en Tlaxcala, apenas hace un par de años.

 

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Imágenes: Jorge Raúl Nacif