Archivo histórico

Sucesos taurinos

Por: Jorge Nacif Mina – Foto: Archivo

Al inicio del siglo XIX, aparte de los sucesos ya narrados en las corridas en honor a Iturrigaray, las lidias formales se seguían efectuando en el Volador, que se reservaba para esos acontecimientos; se sabe que hubo buen ganado y se registró más de un incidente, pese a la destreza y habilidad de los diestros que se jugaban la vida.

Aún durante la guerra por la Independencia, siguieron celebrándose festejos taurinos en la Ciudad de México, aunque se tiene poca información, se sabe, gracias a los informes municipales, que se continuaron las obras de lo que sería la nueva plaza del San Pablo, la que años después fue utilizada para recaudar fondos para combatir a la insurgencia.

Con respecto a la Plaza del Volador, las últimas corridas que ahí se celebraron fueron en el año de 1808, a la llegada del Virrey Venegas; se cuenta que en las cuadrillas figuró, entre otros espadas, el mexicano Agustín Marroquín, quien al decir de varios autores, incluyendo a José de Jesús Núñez y Dominguez, “… cobró siniestra fama, fue nada menos que uno de los colaboradores más cercanos del cura Miguel Hidalgo y Costilla,1 Padre de la Patria. Con él anduvo desde su entrada a Guadalajara y con él cayó prisionero en Acatita de Barján.”2

A la plaza del Volador le sustituyo una pequeña, “fea” e incómoda construida en la última Calle de Necatitlan, hoy calle de 5 de febrero, que se inauguró el 13 de agosto de 1808, con la celebración de San Hipólito y la caída de Tenochtitlán en manos de los conquistadores hispanos. El cartel de esa corrida de los 287 años de la derrota de los mexicas y triunfo español, estuvo formado por los hermanos Sostenes y Mariano Ávila, y como banderillero actuó Marcelo Villasana, que poco tiempo después se convirtió en espada y recorrió el país ya en el México Independiente.

 

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1 Se dice, también en la Historia y Tauromaquia Mexicanas, que de Miguel Hidalgo y Costilla y su relación con la Tauromaquia no hay más noticia que la de haber vendido ganado de lidia y de haber asistido como diestro a una corrida en San Luis Potosí, alternando con el propio General Calleja.

2 El propio Núñez y Domínguez en su obra taurina, fundamenta la existencia del torero Marroquín en varias biografías de Miguel Hidalgo y Costilla, en la de Baz, reproducida por Julio Zarate le llama “el torero Marroquín”; Bustamante en su Cuadro Histórico y Pérez Verdía, en su “Historia Particular de Jalisco, dicen que era “torero de oficio,” sin embargo Alamán le llama “capitán de bandoleros”.