Archivo histórico

Una plaza permanente

Por: Jorge Nacif Mina – Foto: Archivo

Faltando 30 años para finalizar el siglo XVIII, se había comprobado en la tesorería del Ayuntamiento de México y por los propios virreyes el éxito económico que traía consigo la organización de corridas de toros en la ciudad, así que la idea de construir una plaza fija o permanente, con la posibilidad de ser de mampostería, giraba en el entusiasmo de los gobernantes ya que se pensó ofrecer temporadas anuales, cuyo producto iría íntegramente a la Real Hacienda.

Existe un expediente, en el Archivo de Indias, en Sevilla1, que contiene un documento que en el año de 1770, el Marqués de Croix dirigió a Carlos III; en él se comunicaba que para cumplir con la orden de celebrar corridas de toros anuales que dejaran buenos recursos económicos para las obras materiales, se había determinado construir un “coso firme” en el campo de Santiago, sin tener éxito en la encomienda esa fue la primera noticia formal que se tuvo sobre tal asunto en la capital de la Nueva España.

Después de muchos intentos y muchos años, en el año de 1788, el entonces virrey de Nueva España, don Manuel Antonio Flores, vio la necesidad de revivir la idea de dotar a la capital con una plaza de toros duradera, y como se había pensado años antes, sirvieran sus productos para resarcir el erario público, en ese momento, en especial de los gastos de la construcción del Castillo de Chapultepec; naturalmente que las plazas de toros armadas y desarmadas siguieron utilizándose en la Ciudad de México.

El Virrey, para tales efectos, comisionó al maestro mayor y veedor segundo de arquitectura de la Ciudad de México, don Ignacio de Castera para que “hiciera vista de ojos” a todos los sitios y explanadas de la ciudad, con el fin de determinar cuál de ellos podría ser el más adecuado o presentara mayores ventajas para establecer temporadas anuales de lidias de toros.

Ignacio de Castera, informó al Virrey , el 17 de junio de ese año de 1788, que el lugar propicio para levantar un coso taurino “… se encontraba a espaldas de las casas de Pobres y Acordada, entre estas y el Paseo Nuevo (Bucareli); allí concurren las más bellas circunstancias […], por llegar los maderos por agua hasta él, siendo apartado lugar, y al mismo tiempo visible, resguardado por al inmediación de la Acordada, y muy inmediato a calles bastante libres y acompañadas.”2


1 México. Archivo General de Indias, 2618.

2 Expediente sin número, volumen 381, Historia. AGN.