Evocación

El adiós de Silverio

Por: Jorge Raúl Nacif – Foto: Archivo

La tarde del 1 de marzo de 1953 tuvo lugar la despedida del genial maestro Silverio Pérez, acontecimiento celebrado en la Plaza México y tras el que, cabe señalar, jamás volvió a vestir el terno de luces.

El cartel de aquella corrida era completado por Antonio Velázquez y Jorge Aguilar “El Ranchero”, ante un encierro de La Laguna.

Al mediodía de aquel 1 de marzo de 1953, Silverio acudió con su esposa Pachís a misa en una parroquia de la colonia Portales. Una multitud se reunió para saludarlo y brindarle su cariño, además del propio sacerdote, que le dedicó unas sentidas palabras dentro del sermón dominical.

Ya por la tarde, no hubo suerte con los ejemplares de su lote y tampoco con uno de regalo, de Torrecilla, así que obsequió un toro más, de San Diego de los Padres, de nombre “Malagueño”. Una oreja le cortó el llamado Faraón de Texcoco.

Fue el maestro Fermín Espinosa “Armillita”, amigo y personaje importante en su carrera, así como padrino de alternativa, el encargado de cortarle la coleta en medio de la algarabía de la multitud, con lo que quedó cerrada toda una época en la historia del toreo mexicano.

Retirado, Silverio vivió en su tierra natal, al lado de su esposa, María de la Paz Domínguez “Pachis”; ayudó a algunos jóvenes que querían iniciarse en esta difícil actividad e, incluso, incursionó en el ámbito de la política para ser Presidente Municipal de Texcoco.

Cabe destacar que Silverio Pérez fue el primer matador en cortar un rabo en la Plaza México, éste al toro “Barba Azul”, de la ganadería de Torrecilla, dentro de la segunda corrida en la historia del monumental coso. Se recuerdan grandes faenas del Compadre, pero para muchos, la mejor fue la que le realizó al toro “Tanguito”, la tarde el 31 de enero de 1843 en El Toreo, día en que tomó al alternativa el leonés Antonio Velázquez.