Archivo histórico

Ponciano Díaz

Por: Jorge Nacif Mina – Foto: Archivo

A Ponciano Díaz se le ha llamado el típico Torero Mexicanos del Siglo XIX, y gracias al libro de Manuel Horta sobre ese diestro, hemos podido conocer algo de su vida y carrera taurina; dice que nació el 19 de noviembre de 1858, en la Ganadería de Atenco, donde su padre trabajaba; años después, en una fiesta de Atenco, a la que asistieron muchos aristócratas, se permitió que Ponciano toreara una eral. “Ante el asombro de los presentes realizó grandes proezas demostrando gran valor y logró las más diversas suertes que en aquel momento se conocían en México.”

Se anota que el primer novillo que mató Ponciano Díaz fue en la Villa de Tlalnepantla en el año de 1877, y después de haber formado parte de cuadrilla de Bernardo Gaviño, el 3 de abril de 1879, de manos del propio Gaviño toma la alternativa en Ciudad de Puebla de los Ángeles.

Debemos tomar en cuenta que Ponciano Díaz no tomó la alternativa en la Ciudad de México, porque el Presidente Benito Juárez, al restaurarse la República Federal, el 28 de noviembre firmó y proclamó un decreto con el cual se prohibían las corridas de toros en la ciudad de México.1

La capital de la República Mexicana no tuvo fiesta taurina hasta el 9 de diciembre de 1886, en que Porfirio Díaz derogó el decreto de prohibición taurina en la Ciudad de México.

Hemos encontrado, en los documentos históricos,2 que Ponciano Díaz inauguró su empresa taurina y su plaza de toros situada en el Paseo de Bucareli, el 15 de enero de 1888. Veamos como Manuel Horta narra ese suceso:

“Al toque del clarín, salió el primer toro enchilado y palangano, recibiendo tres buenas varas, Ramón dejó dos pares y Calderón otros dos al cuarteo. Ponciano, previó aviso a la autoridad, se dirigió al palco en donde estaba su madre y le brindó así: – Por mi patria y por ti, madre mía. La providencia ha querido que preste a tu vejez el humilde fruto de mi trabajo – . Después, se fue directamente al toro y le dio cuatro naturales, tres cambiados, cuatro en redondo y dos (a su modo); levantando la espada apuntó con suma atención sobre la cruz del lomo y se fue acercando poco a poco en línea recta y pasito a pasito; a la vez que hizo ligeros movimientos con la muleta para llamarlo. Llegando a cierta distancia, se pasó y quedó inmóvil, siempre con la punta de la espada mirando al lugar preciso. Por fin el toro se arranca con suma velocidad y el torero haciendo un ligero movimiento con el engaño le clava al toro el estoque en el expresado centro del morrillo”.

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1 Benito Juárez proyectaba una animosidad hacía los españoles; no obstante, había aprovechado la celebración de corridas durante la guerra de intervención para recabar fondos que sirvieran para mantener a las tropas de la República Federal; recordemos aquel en que Margarita Maza de Juárez organizó en la Plaza de San Pablo y en la actuó el diestro mexicano Pablo Mendoza.

2 Nos referimos a los expedientes que sobre corridas de toros se encuentran en el Fondo Documental del Ayuntamiento de México del Archivo Histórico del Distrito Federal, en donde se fundamenta la investigación de este breve estudio.