Editorial

Trapío

Por: Jorge Raúl Nacif – Director

En los últimos tiempos es un tema común el exceso de caja y kilos en los toros lidiados, algo que sin duda influye en que se reduzcan las posibilidades de éxito para disfrutar momentos destacados y que muchas de las tardes caigan en el tedio.

Y es que, como es lógico, estos torotes llegan con escasa movilidad al último tercio y pesándoles los kilos; vamos, exceso de dimensiones que termina perjudicando al espectáculo. Esta situación nos lleva a reflexionar en varios aspectos relevantes acerca del toro de lidia.

En primer lugar, comentar que trapío no es sinónimo de kilos o volumen, algo que a veces se confunde. El trapío es la armonía en la conformación morfológica del toro, de acuerdo con su edad; es la seriedad que transmite.

Francisco Montes “Paquiro”, en su Tauromaquia, otorga esta definición: “Para que un toro sea fino ha de reunir el pelo luciente, espeso, sentado y suave al tacto, las piernas secas y nerviosas, con las articulaciones bien pronunciadas y movibles, la pezuña pequeña, corta y redonda; los cuernos fuertes, pequeños, iguales y negros; la cola larga, espesa y fina; los ojos negros y vivos; las orejas vellosas y movibles. Esto es lo que se conoce por buen trapío”.

Lo importante en el toro es, por tanto, el trapío… y por supuesto que la edad. La edad (cuatro años cumplidos) es fundamental pues determina la complicación y valía de poder crear delante de los pitones. Y es que un toro con edad no pone las cosas fáciles, pues es más complicado “ser burlado”, meterlo en los engaños y de hacerle el toreo… y no perdona errores.

Importa más la edad que el tamaño, y las dimensiones tienen que ser las acordes a la edad y dignas para el toro sea serio y transmita esas sensaciones de respeto. Ojo, no estamos defendiendo el toro pequeño, sino que pugnamos por el toro serio y con auténtico trapío.

Un toro no es más peligroso por ser un “mastodonte”; una cornada de un ejemplar de 450 kilos no es, por naturaleza, menos grave que si te la da uno de 600. Aquel “Avispado”, el toro que hirió (a la postre mortalmente) a Paquirri, pesaba 440… o “Navegante” que corneó de suma gravedad a José Tomás, dio 473 kilos en la báscula; 508 del que hirió en Zaragoza a Padilla o los 455 de “Peletero”, que le causó el percance a Silis.

Un ejemplar no necesita ser voluminoso para herirte de gravedad, fracturarte o quitarte la vida. En cambio, la edad sí determina el grado de valía de todo lo que realice el torero. Un toro hecho y derecho, con trapío y seriedad, no necesita pesar 700 kilos; al contrario, requiere tener el peso acorde para desplazarse y embestir repetidamente a los engaños.

Es más, nos parece que a la larga, un toro de 600 kilos que se queda aplomado y ahogándose, transmite menos sensación de peligro que un ejemplar que, aunque sea menos voluminoso, acude con movilidad.

Me queda claro que la sociedad actual (y por supuesto que esto toca al toreo) se fija solamente en las apariencias. En muchas plazas, la afición clama y se queja pidiendo el toro enorme, destacando solamente kilos y tamaño. Hay que fijarnos más en la seriedad que transmite el toro, en la edad y el trapío acorde a ésta… edad y trapío, lo que verdaderamente otorga mayor mérito y valía a lo que se hace en el ruedo.