Evocación

Tres décadas de arte

Por: Jorge Raúl Nacif – Foto: PT

Hace 30 años, el maestro Enrique Ponce se convirtió en matador de toros al recibir la alternativa en Valencia, España, dentro de la Feria de Fallas. Aquel día comenzó un sendero que, poco a poco, le consolidaría como una de las figuras más trascendentes en la historia del toreo, con partidarios y detractores

Enrique fue un novillero importante y toreó 101 festejos menores antes de aquel 16 de marzo de 1990. José Miguel Arroyo “Joselito” le cedió los trastos, en presencia de Miguel Báez “Litri”. El toro se llamó “Talentoso”, un sobrero de Puerta Hermanos que pesó 505 kilos. El hierro titular era Moura.

Enrique Ponce inició como “niño torero” de la mano de su abuelo Leandro Martínez, quien le llevó a dar sus primeros capotazos a una vaquilla. Su debut sin caballos fue el 10 de agosto de 1986, cuando contaba todavía con 14 años, pues nació en Chiva, Valencia, el 8 de diciembre de 1971. Se presentó con los del castoreño el 9 de marzo de 1988, en Castellón, y el 1 de octubre de ese año debutó en Las Ventas de Madrid.

La combinación de técnica y estética, así como la personalidad que manifiesta en el redondel, genera la irrupción del arte, ese concepto que muchas veces en el entorno taurino se utiliza a destajo. Conocedor como pocos de lo que implica la vocación torera, Ponce disfruta pasar largo rato delante de la cara de los toros para extraer el fondo de cada uno.

En la Plaza México es de los consentidos y ha cuajado grandes faenas en este escenario. Sin embargo, debido a las fallas con el acero, perdió muchas veces los máximos trofeos. Su primer rabo en Insurgentes lo cortó hasta el año 2005, en la inauguración de la Temporada Grande 2005-2006, a un toro de Fernando de la Mora, mientras que el segundo fue en febrero de 2009, ante un ejemplar de San José.

Durante varias temporadas -dentro de la década de los noventa- Enrique Ponce superó las 100 corridas por año. En 2010, esta figura de época superó la rotunda cifra de las dos mil corridas toreadas, alcanzando un lugar muy especial en la historia, pues Ponce siempre ha sido un torero de cantidad pero, sobre todo, de calidad.