Evocación

La muerte de Eduardo Funtanet

Por: Jorge Raúl Nacif – Foto: Archivo

La tarde del 16 de marzo de 1997 quedó marcada de forma trágica en la historia del toreo, pues en la Plaza México aconteció el mortal percance del rejoneador capitalino Eduardo Funtanet al ser alcanzada su cabalgadura por el toro “Recuerdo”, de Cerro Viejo, herrado con el número 100.

La tarde era lluviosa y en primer término saltó al ruedo “Recuerdo”, como si fuera nombre premonitorio de un toro que había quedado de sobrero semanas atrás, cuando Cerro Viejo había enviado un encierro completo parta la Temporada Grande.

Eduardo Funtanet montaba a su caballo “Carbonero” y el espeluznante percance sucedió tras clavar apenas el primer rejón de castigo. La caída fue dura y el rejoneador sufrió graves lesiones, con fracturas en el cuello y la base del cráneo.

El equipo médico del doctor Vázquez Bayod hizo todo lo humamente posible para salvarle la vida, pero Funtanet falleció dos días después en el Hospital ABC.

Un accidente similar había sufrido Lalo Funtanet en la plaza de Texcoco algunos años antes, el 5 de marzo de 1992. Tras un mes ingresado en un hospital, pudo recuperarse adecuadamente y volvió a torear al cabo de prácticamente un año.

En aquella corrida en la Plaza México torearon a pie Rafael Ortega, Alfredo Ríos “El Conde” y Pedrito de Portugal, ante toros de la ganadería hidalguense de Huichapan. A la postre, Rafael Ortega fue el triunfador al desorejar a su bravo segundo ejemplar. Cabe señalar que a aquel toro “Recuerdo” lo liquidó de una estocada en sobresaliente Valente Alanís.

Eduardo Funtanet Mange nació en la Ciudad de México el 20 de diciembre de 1962. Debutó en la Plaza México la tarde del 10 de octubre de 1982, delante de un novillo de Funtanet. Recibió la alternativa en este mismo escenario el 24 de marzo de 1985, de manos de Pedro Louceiro y como testigos Jorge Hernández Andrés y Gerardo Trueba, con del toro “Hilachito”, de Rancho Seco.

Uno de sus triunfos más significativos fue el 5 de marzo de 1995, en la misma Plaza México, cuando le cortó una muy merecida oreja a un astado de Las Huertas.