Editorial

El miedo

Por: Jorge Raúl Nacif – Director

Resulta innegable que ponerse delante de un toro produce múltiples sensaciones y, entre éstas, aparece el miedo, debido a lo impactante del animal y sobre todo a su instinto de ataque en el ruedo, fiereza indómita que puede terminar incluso con la vida de un torero.

La Real Academia Española define al miedo como la “perturbación angustiosa del ánimo por un riesgo o daño real o imaginario”, o bien el “recelo o aprensión que alguien tiene de que le suceda algo contrario a lo que desea”. En ambos casos, el torero experimenta estas sensaciones ante una tarde de toros.

El propio maestro Juan Belmonte, uno de los toreros más grandes de toda la historia, reconocía la presencia inseparable del miedo: “El día que se torea, crece más la barba… es el miedo, sin duda”.

De manera poco acertada, en general tenemos la creencia que el valor es sólo la ausencia de miedo. Sin embargo, esta virtud es más bien la capacidad del hombre para, a pesar del miedo, seguir adelante y afrontar las situaciones. “Cualidad del ánimo, que mueve a acometer resueltamente grandes empresas y a arrostrar los peligros”, precisa la Real Academia.

Naturalmente que después de una afición a raudales, el valor es la condición principal para poder desempeñar la profesión de torero. Si el ser humano no logra superar sus miedos –manifestados con mayor fuerza incluso en los momentos previos-  para plantarse delante del toro, no hay cualidad alguna que pueda valer después.

Acerca de este tópico, y fundamentalmente sobre la mente de un torero,  versaron las investigaciones del neurocientífico español Antonio Alcalá Malavé, durante el año 2012. A lo largo de una entrevista, publicada en el portal Diario Sur, externó lo siguiente:

“El miedo es la idea clave que modela el cerebro del torero. Un novillero siente miedo pero siente el miedo de una forma humana en la cual no llega al punto de no retorno biológico. Es decir, el novillero, igual que cualquier persona, siente miedo y no da el salto al precipicio; el torero (matador) siente miedo, salta al precipicio y sabe que saltando va a seguir sintiendo miedo. Llega un momento en que ese miedo le transforma el cerebro, deja de tener miedo y es otra persona. El miedo es lo que hace que se retuerza la química del cerebro de un torero”.

De suyo, el superar los miedos en el ruedo ejemplifica una realidad humana. Todas las personas tenemos temores y ante diversas situaciones, pero el vencerlos nos permite derrotarnos a nosotros mismos y, con ello, estar en posibilidad de lograr aquello que anhelamos.