Editorial

Entender al toro

Por: Jorge Raúl Nacif – Director

Una de las premisas básicas de la Fiesta Brava nos dice que primero hay que observar al toro y luego, a partir de ello, juzgar la actuación de un torero. No obstante, en México tendemos a ser más “toreristas” que “toristas” y no solemos detenernos en analizar el comportamiento de los astados.

Lo anterior provoca que se increpe injustamente a un torero cuando no consigue el triunfo, pero también que no se valore cuando el lidiador está por encima de las condiciones de su oponente y tiene una actuación que merece las palmas.

Incluso he llegado a pensar que esta situación es uno de los motivos por los cuales los toreros muchas veces llevan “la faena hecha” y no terminan por plantear la lidia que un toro requiere. ¿Para qué hacerlo si el público no va a entenderlo ni a valorarlo?

Tal vez haya que doblarse con un toro y estructurar una faena de aliño, pero el público abucheará (y lo hemos visto muchas veces) porque no pega cinco o seis muletazos ligados y por bajo, aunque el toro no muestre esas condiciones. Y es que en ocasiones desde el tendido surge una confusión y ya no se sabe que lidia requiere el ejemplar.

Uno de los aspectos mágicos de la tauromaquia es que no se sabe a ciencia cierta qué es lo que pasará. De lo contrario, mejor ir al ballet o a una obra de teatro. Aunque es comprensible que el público vaya con la ilusión de disfrutar grandes faenas, esto no siempre es posible debido a la naturaleza del espectáculo.

Cuando ésto se entiende, es posible que los espectadores acudan a una plaza con una mayor apertura. Al no cerrarse, va surgiendo la chance para valorar un doblón, por ejemplo, o la eficacia de la colocación para estructurar la lidia. Vamos, que hasta la manera de poner un toro al caballo puede disfrutarse.

Resulta fundamental observar al toro desde su salida y durante el resto de la lidia. ¿Remata abajo en los burladeros?, ¿se escupe de las suertes?, ¿echa la cara arriba en el peto o empuja con los riñones?, ¿se crece al castigo en las banderillas o se duele con los arponcillos?, ¿acude pronto a los cites de muleta?, ¿tiene recorrido?, ¿muestra fijeza o desparrama la vista?

Además de estas preguntas clave, es necesario saber distinguir entre la verdadera bravura y el genio. La primera es un comportamiento ofensivo, que lo manifiesta embistiendo hacia aquello que le cita, metiendo la cabeza abajo. Por el contrario, el segundo es un comportamiento defensivo en que el toro “cabecea” o “calamochea” para tratar de quitarse de enfrente los engaños, o incluso arrollar “al bulto”.

Conocer al toro es uno de los aspectos fundamentales para ir creciendo como aficionados. Al entender mejor los diferentes elementos de la Fiesta Brava, ésta se disfruta más.