Archivo histórico

La Primera República Federal

Por: Jorge Nacif Mina – Foto: Archivo

Las corridas de toros en la Ciudad de México continuaron, aunque es conveniente aclarar que desde el triunfo de la Constitución Política de 1824, siempre se dejaba ver que la fiesta taurina era de origen español y por ende se debía de desterrar del país, tanto cuanto exageradas las opiniones, más aún, la religión Católica Apostólica y Romana, también la trajeron los españoles poniéndole mucho de su ideología y sobre las deidades Tenochcas pusieron a los santos católicos, y sobre los templos de los mexicas se construyeron grandes iglesias y catedrales españolas, y sin embargo no intentaron desterrar la religión traída por los conquistadores hispanos; al contrario en esa primera Carta Magna Mexicana, la de 1824, se estableció como única religión la Católica Apostólica Romana.

En fin, el estilo y técnica del toreo mexicano, (una vez entrado el México Independiente a partir, no tanto del establecimiento del Primer Imperio sino de la República Federal Mexicana ante la Jura de la Constitución Federal de 1824), habían partido del aprendizaje que, durante el virreinato, los mestizos e indígenas, de los toreros hispanos, pero con ciertas características propias y al paso de los años fueron surgiendo diversas cuadrillas con lidiadores mexicanos que de alguna manera habían interpretado lo aprendido en algo a lo que podríamos bautizar como toreo mexicano de mediados del siglo XIX mexicano.

Enrique Guarner, descubre ante nuestros ojos que la mayoría de esas cuadrillas “… estaban encabezadas por espadas autóctonos, especie de señores feudales que ejercían su dominio sobre determinadas zonas” “ en cada feudo1 había una cuadrilla regional con un jefe nativo…”

Esas cuadrillas actuaban en muchas ferias y celebraciones religiosas y paganas, acumulando hasta 40 corridas o más al año, por lo que los diestros podían vivir de manera holgada, además de ser populares entre las ciudades y poblaciones en las que actuaban.

En la bibliografía taurina para México, se menciona la existencia de por lo menos tres toreros más o menos famosos en aquellos años del siglo XIX: Ignacio Gadea, Ponciano Díaz y Arcadio Reyes.