Editorial

La figura del torero

Por: Jorge Raúl Nacif – Director

Definir la figura del torero no es tema sencillo, ya que involucra una serie de elementos que conforman su naturaleza para convertirlo en un personaje único y polifacético dentro de la sociedad.

En esencia, el torero es un sacerdote, sobre todo al entender la tauromaquia como un rito sacrificial. La Real Academia España define al sacerdote como la “persona dedicada y consagrada a hacer, celebrar y ofrecer sacrificios”.

En este sentido, el torero es aquel que oficia y “la muerte aparece en ese ritual como comparsa para afirmar la vida”, como dice el filósofo Fernando Savater. Asimismo, es un sacerdote que no solamente ofrece el sacrificio, sino que se coloca en la posibilidad de inmolarse en el altar del ruedo, pues en la Fiesta muere el toro… pero puede morir el hombre.

Es a través de la inteligencia -en la cual se basa la técnica- que el torero puede imponerse a la fuerza bruta, encarnada en el animal bravo. Aquí, la condición física resulta ser trascendente y el torero debe llevar una preparación atlética de alto rendimiento, necesaria en beneficio de su desempeño en el ruedo dado el esfuerzo físico que implica la actividad taurina.

El español Víctor Zafrilla, licenciado en Ciencias del Deporte,  junto a Nicolás Terrados y Carlos Tejero, presentó un estudio sobre el esfuerzo físico de un torero, en el marco del Congreso del European College of Sports Sciences, celebrado en el año 2013 en Barcelona.

Su trabajo titulado “Frecuencia cardiaca de un matador de toros en entrenamientos y corridas de toros reales”, midió la frecuencia cardiaca de torero a lo largo de 24 diversas situaciones, tanto en tentaderos como en  lidia de toros a puerta cerrada y lidia en corridas. Para el estudio participaron matadores como Julián López “El Juli”, Rafaelillo, Miguel Ángel Perera y Diego Urdiales, entre algunos otros, y les fueron colocados pulsómetros de última generación.

Entre las conclusiones expuestas, aparece la siguiente por parte del autor: “El toreo es una actividad física intermitente en la que se llegan a intensidades máximas y submáximas de actividad física, sufriendo además un esfuerzo mental muy alto. Por eso la preparación física y mental es fundamental. Desde siempre, ha faltado una metodología de entrenamiento adecuada basada en mitos y teorías sin fundamentar a lo largo de la historia del toreo”.

Ahora bien, entendiendo el toreo como arte, se desmenuza la faceta del torero como artista. Rafael Comino Delgado, en un artículo publicado en la revista Aplausos, menciona que el toreo es un arte que tiene “gran fuerza expresiva puesto que se unen la del propio artista y la del toro”,

Con la base expuesta, y en esa la conjunción entre toro y torero, es donde llega a brotar el arte. Este talante convierte al torero en un ser capaz de crear un caudal de sentimientos y emociones delante un toro bravo, unión de dos almas que se fusionan entre la vida y la muerte.  Y sobre este punto culminante, en varias charlas llegó a decir el maestro David Silveti que el torero es “el artista más generoso pues, en aras de su obra, pone en riesgo su propia vida”.