Archivo histórico

La Marquesa Calderón de la Barca

Por: Jorge Nacif Mina – Foto: Archivo

El 5 de enero de 1840, la Marquesa Calderón de la Barca 1, presencia una corrida de toros, en México, llevada a efecto seguramente en la Plaza de San Pablo, y en su libro “La Vida en México”, la narra, quedando como otra muestra fehaciente de testimonio del suceso histórico; en esta ocasión se hará una transcripción de fragmentos de la carta en donde la Marquesa registra lo que vivió en México el 5 de enero de 1840.

“Esta mañana temprano, día de la corrida de toros extraordinaria, aparecieron unos carteles en todas las esquinas anunciándola, junto con ¡un retrato de Calderón! [de la Barca].2 El Conde de la Cortina vino poco después del almuerzo, acompañado de Bernardo,3 el primer matador, a quien nos trajo a presentar. Os envió el convite impreso en seda de color blanco, orla de encaje de plata y unas borlitas colgando de cada esquina, para que veáis con que primor suelen hacer aquí estas cosas. El matador es un hombre guapo, pero de exterior torpe, aunque dicen que es de una gran agilidad y muy hábil. Debe escribiros mañana una reseña de mi primera corrida de toros”.

“Ayer por la tarde, había grandes temores de que lloviese, lo cual habría obligado a aplazar la lidia, no obstante se aclaró el cielo, y nunca sabrán los pobres toros cómo su suerte dependió de las nubes. Un palco, de los del centro, con alfombra y araña de plata, estaba dispuesto para nosotros; pero nos fuimos con nuestros amigos los Cortina, que tienen el suyo al lado. El espectáculo, a pesar de no haber visto la magnificencia de la arena de Madrid, me parecía movido y deslumbrante en grado sumo. Imaginaos un inmenso anfiteatro, con cuatro grandes filas de palcos, a cuyos pies se extienden los asientos al aire libre, lleno todo a reventar; los palcos ocupados por señoras lujosamente ataviadas; en las graderías, el alegre colorido de una muchedumbre enardecida de entusiasmo: dos bandas militares tocando a perfección trozos de óperas, señoras y campesinos, y oficiales de gran uniforme: una extraordinaria diversidad de colores, y todo el conjunto iluminado por este cielo eternamente azul. Ya podéis concebir que el espectáculo fue tan variado como curioso”.

El traje de Bernardo 4 de azul y plata, era magnífico, y le costó quinientos pesos. Diose la señal, se abrieron las puertas, y salió el toro; no tan grande, de de aspecto tan fiero como los de España, sino pequeño, nerviosos, bravo y desparramando la vista.

– Tres veces suena el clarín: ¡atención!, la señal se oye, se dilata la caverna, y con muda expectación la gente que hincha el circo abre la boca de todas partes. Surge con salto formidable el poderoso bruto y, mirando salvajemente, huella con pie inquieto la arena, son lanzarse ciegamente al enemigo. Con su testuz amenazante apunta a todas partes y dispone su ataque, sacudiendo inquietamente la cola enfurecida, y sus ojos fulguran chispas […] –

La primera pose del toro es bellísima. Pasta, en su Medea, no podría superarla. Mientras los matadores y los banderilleros llaman la atención del toro con sus capas encarnadas, los picadores le calven sus lanzas. Precipitase el animal contra los primeros y lanza al aire las capas que le arrojan; saltan los toreros la valla que circunda la arena; arremete contra los otros y derriba a los caballos, y muerden el polvo sus jinetes en varias ocasiones; recobrando, ambos al instante el equilibrio, pues en ello no hay tiempo que perder, corría el caballo en dirección contraria a la de la res, obligándola a caer en tierra.

Enloquecido por el dolor, arrojando caños de sangre, erizado de dardos y cubierto de cohetes corre el desafortunado toro en contorno, embistiendo, ciego a hombres y caballos, intentando saltar la barrera repetidas veces; mas la multitud, con su griterío y agitando sus sombreros se lo impide. Por último, acosado, y al cabo de sus fuerzas, le da el golpe mortal el matador, lo que se le considera como la suerte suprema. Quedose inmóvil el toro, como sospechando que le había llegado su hora, dio algunos pasos vacilantes y terminó por echarse. Una última cuchillada y el toro exhala el postrero aliento.

Sonaron los Clarines y tocó la música. Entraron a la plaza cuatro caballos, engancharon al toro de sus tiros y, echando a correr a galope se lo llevaron fuera de la arena.

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1 Frances Erskine Inglis, de nacionalidad escocesa, conocida como Madame Calderón de la Barca, casada con Ángel Calderón de la Barca, primer ministro plenipotenciario de España en México, nombrado en virtud del Tratado de Paz y Amistad concertado entre México y España, y donde ésta reconocía la Independencia, firmado en Madrid el 28 de diciembre de 1836.

2 La corrida fue en honor del Primer Ministro Don Ángel Calderón de la Barca.

3 Se refiere a Bernardo Gaviño, primer espada, que había nacido en Cádiz en 1812, y estaba recién llagado a México.

4 Se refiere al torero Bernardo Gaviño.