Editorial

Vestirse de torero

Por: Jorge Raúl Nacif – Director

El traje de luces es una vestimenta que raya en lo sagrado. Y es que es la indumentaria con la que un hombre va a ofrendar su propia vida en pos de una creación, aquella que surge para conmover las fibras sensibles de aquellos aficionados que acuden jubilosos a presenciar este milagro.

Aunque un torero lo es tanto dentro como fuera del ruedo, utilizar el traje de luces significa revestirse en cuerpo y alma. El hombre o la mujer adquieren plena consciencia del rito que están a punto de oficiar en el ruedo. Incluso, no pocos toreros han comentado que el vestido de torear les otorga un notorio grado de seguridad.

Vestir de luces es hacerlo de dignidad y señorío. La liturgia del toreo implica  que cada uno de sus elementos se lleven a cabo con propiedad, dotándolos de un sentido hondo de la vida.

Es como la vestimenta de un sacerdote. De hecho, no existe espectáculo alguno cuya indumentaria cuente con tanta riqueza, tanto en el fondo como en la forma. Si el impulso del maestro Costillares fue pieza clave en el siglo XVIII, el maestro Paquiro terminó por asentar los cánones en la primera mitad del XIX.

Desde las zapatillas, pasando por las medias, talequilla, camisa y corbatín, hasta llegar al chaleco, chaquetilla, añadido y montera, el hombre se reviste de lidiador para transformar su espíritu.

Resulta indispensable enseñar a los jóvenes novilleros a respetar el vestido de torear. Hacerlo es honrar su propia vocación y darle importancia al significado de una indumentaria con la que ofreces tu propio ser. Tal vez los jóvenes aspirantes tengan que usar un traje viejo y prestado, pero esto no implica dejar de utilizarlo con dignidad.

¿Qué es respetar el traje de luces? En primer lugar, vestirse adecuadamente; cada prenda debe ir en su sitio, perfectamente limpia y “encajada” lo mejor posible. Asimismo, usarlo completo siempre; nada de torear sin zapatillas, quitarse el corbatín o incluso la chaquetilla, únicamente por “comodidad”. También, y siempre que sea posible, usar ternos “a la medida” y cuidar la parte física.

Desde nuestra óptica, respetar el traje de luces también implica no “chupar” o comer vestido de torero, así como utilizarlo para “salir de calle” en fiestas o reuniones. Los trajes de luces deben ser cuidados a detalle, con alegría y verdadero amor.

La superficialidad, tan abundante en el mundo actual, es la principal enemiga de la tauromaquia. Quizá por ello -y sólo quizá- la Fiesta Brava ya no termina por encajar en las sociedades de nuestros días.