El torero de la semana

Don Rodolfo Gaona

Por: Jorge Raúl Nacif – Foto: Archivo

Maestro referencial en la historia del toreo mexicano, don Rodolfo Gaona nació el 22 de enero de 1888, en  León, Guanajuato. La primera vez que se vistió de luces fue precisamente en su ciudad natal, en 1905, y en 1907 debutó como novillero en El Toreo de México.

Tras su etapa novilleril en México, Rodolfo había llegado a España apenas en el mes de marzo de 1908, de la mano de su mentor Saturnino Frutos “Ojitos”, antiguo banderillero del maestro Frascuelo y con el que había dado sus primeros pasos en el mundo del toro integrando aquella recordada cuadrilla de niños toreros.

La alternativa se fraguó, en buena medida, luego del muy buen sabor de boca que Gaona había dejado en la placita de Puerta de Hierro, en Madrid, donde lidió dos toros de Bañuelos en un evento organizado por el propio Ojitos y en el que convocó a la “crema y nata” de la critica taurina. Y es que tras el “visto bueno”, por llamarlo así, se tomó la decisión de organizar la alternativa.

Gaona se convirtió en matador la tarde del 31 de mayo de 1908, en Tetuán de las Victorias, cuando tomó la alternativa de manos de Manuel Lara “Jerezano” (con el que alternó en mano a mano), ante el toro “Rabanero”, de Basilio Peñalver, un ejemplar de pinta berrendo. Al final, el mexicano salió el volandas y dejó muy gratas sensaciones

Luego del doctorado, el 28 de junio del mismo año, Rodolfo volvió a actuar en Tetuán de las Victorias, en una encerrona con cuatro toros de Peñalver. Gracias a todas estas sensaciones positivas, pocos días después, el 5 de julio, confirmó la alternativa en la plaza de Madrid.

Para tal acontecimiento, el mexicano llevó por padrino a Juan Sal “Saleri”, mientras que como testigo fungió Tomás Alarcón “Mazzantinito” y ante el toro “Gordito” de González NandínGaona causó tal impacto que, una semana después, volvió a partir plaza en la capital madrileña y en mano a mano con Vicente Pastor.

Así comenzaba la historia de Rodolfo Gaona como matador de toros, una historia impregnada por el aroma del triunfo y la maestría, elementos que pronto lo convirtieron en una figura del toreo y, con el paso de los años, en una leyenda para el toreo mexicano y universal. Dijo adiós a los ruedos el 12 de abril de 1925, en el Toreo de la Condesa.

De entre tantas tardes de triunfo que tuvo a lo largo de su trayectoria, destaca la del 21 de noviembre de 1920, cuando cortó dos rabos, a toros de Zotoluca en el Toreo de la Condesa. Por supuesto que en el recuerdo estará aquella corrida en Pamplona del 8 de julio de 1915, cuando el creador de la gaonera ejecutó el inmortalizado “Par de Pamplona”.

No pocas referencias marcan la faena a “Revenido”, de Piedras Negras, como una de las mejores en su carrera. Tuvo lugar en El Toreo el 17 de febrero de 1924 y cortó el rabo a pesar de pinchar y descabellar en un par de ocasiones. Clara muestra del nivel y torería del Indio Grande.

El 20 de mayo de 1975, en la Ciudad de México, dejó de existir físicamente a los 87 años uno de los toreros más grandes que ha dado esta tierra mexicana.

La muerte del Indio Grande, maestro cuya trascendencia en la historia del toreo -tanto en América como en Europa- no deja lugar a dudas, representó un acontecimiento triste para el mundo del toro, tal y como se demostró un día después, el 21 de mayo, cuando fue sepultado en el Panteón de Dolores, de esta capital, en medio del cariño de su gente.