Evocación

Un doctorado de lujo

Por: Jorge Raúl Nacif – Foto: Archivo

Un día como hoy, 18 de abril, pero de 1982, el entonces novillero hidrocálido Antonio Urrutia cumplió el sueño de convertirse en matador y lo hizo a lo grande, de manos de Manolo Martínez y en La México.

En esta corrida, el mandón le cedió un toro de Los Martínez, en presencia de otro torero joven que iba a llegar muy alto, como fue el caso de Miguel Espinosa “Armillita”. La corrida fue una de las últimas que toreaba Manolo en La México seis semanas antes de aquella famosa primera despedida del 30 de mayo de 1982.

Urrutia venía de ser el triunfador de la Temporada Chica del año anterior, en que cortó orejas a varios novillos de ganadería que ese año de 1981 debutaron en el coso de Insurgentes, tales como Huichapan, Manolo Martínez y Celia Barbabosa, con cuya dueña dio una vuelta al ruedo, que fue la primera de una mujer ganadero en La México.

La relación entre el padrino y el ahijado era cercana, pues Urrutia se hizo torero en el rancho “La Gloria”, propiedad de Marcelino Miaja Pepe Chafik, que era el apoderado de Manolo.

De esta manera, durante la ceremonia, Manolo le dijo, con una sonrisa en los labios: “Me da mucho gusto darte la alternativa porque he visto tu lucha. En los triunfos no te envanezcas y en los fracasos no te achicopales”.

El toro de la alternativa, de nombre “Torpedero”, le infirió una cornada menos grave abajo de la rodilla derecha, durante un quite por gaoneras. Sin embargo, no quiso decir a nadie que estaba herido y se mantuvo en el ruedo hasta finalizar la lidia. Casi no sangró porque la herida se localizaba a la altura de los machos, y no quiso pasar a la enfermería sino hasta que terminó la corrida.