Editorial

El eje de la Fiesta Brava

Por: Jorge Raúl Nacif – Foto: JRN

El toro es el eje central de la Fiesta Brava, referente máximo dentro del mundo de la tauromaquia y sin duda una especie única, constituyéndose como aquel que muere con la mayor gloria y no cobardemente liquidado por la espalda en un matadero, cumpliendo con el objeto de su crianza en su esencia y bravura.

Así lo analiza el filósofo francés Francis Wolff, en su referencial obra “Cincuenta razones para defender las corrida de toros:

“Para un animal como éste, una vida conforme a su naturaleza ´salvaje´, rebelde, indómita, indócil, insumisa, tiene que ser una vida libre – por tanto la mejor posible. Y así, una muerte conforme a su naturaleza de animal bravo tiene que ser una muerte en lucha contra aquél que cuestiona su propia libertad, es decir, contra aquel ser vivo que le disputa en su terreno su supremacía. Éste es el drama que se muestra en el redondel: el toro libra su último combate para defender su libertad. ¿Sería más conforme a su bravura y a la propia naturaleza del toro vivir esclavizado por el hombre y morir en el matadero como un buey de carne?”

Este llamado toro de lidia es el resultado de un arduo proceso de selección, una especie que existe por y para los festejos taurinos. Aquel primitivo astado, originario en Europa, fue encontrando con el paso de los siglos su asentamiento dentro de las ganaderías bravas, de donde se ramifican los diversos encastes.

Existen estudios científicos que afirman que el toro realmente no siente dolor en grandes dosis y que el estrés incluso es mayor durante su transportación. El más conocido es el publicado en 2007 por Juan Carlos Illera, director del Departamento de Fisiología Animal de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid.

El estudio llevó cinco años de trabajo y analizó 180 toros y 120 novillos devueltos a los corrales en Las Ventas de Madrid, en cuanto a su respuesta hormonal antes y después de ser picados, e incluso después de banderilleados, además de 40 ejemplares utilizados en concursos de recortes.

La medición de sustancias como cortisol y las catecolaminas, que determinan el nivel de estrés, dejan ver que durante la lidia el toro tiene bajas cotas del mismo, el cual es mayor al momento de la transportación del campo a la plaza. Así se explica:

“Por los resultados obtenidos hemos comprobado que el umbral de percepción de dolor en los toros es altísimo. Es decir, durante la lidia liberan grandes cantidades de betaendorfinas. Durante el trasporte de los toros también se libera esa hormona, porque sienten estrés, pero en menor cantidad, lo que, en principio, les provocaría un sufrimiento. El problema es que al no haberse ´excitado´ ningún nociceptor periférico, como en el caso de la lidia, la hormona no puede actuar, por lo que la adaptación al estrés es peor (…)”.

En cuanto al dolor del toro durante la lidia,  el estudio explica lo siguiente: “La betaendorfina es un opiáceo endógeno y la hormona encargada de bloquear los receptores de dolor en el sitio donde éste se está produciendo, hasta que llega un momento que se deja de sentir dolor. (…) Durante la lidia liberan grandes cantidades de betaendorfinas”.