Editorial

Especialización periodística

Por: Jorge Raúl Nacif – Director

El periodismo taurino entra en el terreno del llamado “periodismo especializado”, que con mayor fuerza ha irrumpido en el entorno de la prensa durante las últimas décadas, gracias primordialmente al surgimiento de los medios de comunicación enfocados en un nicho determinado.

El profesional debe preocuparse por seguir aprendiendo sobre el tema concreto al cual se dedica, ya sea toros, futbol, política o finanzas, por mencionar algunos. Los retos del mundo contemporáneo han enfocado al periodismo especializado como un área trascendente, debido a los “mercados nicho”.

Debido a la segmentación de los temas periodísticos, así como a las exigencias del público, el periodista necesita de una especialidad (además de un oficio bien aprendido en la producción de contenidos periodísticos), tal y como sucedió con los médicos a través del paso de los años

En el tema taurino, es menester que los profesionales de la información entendamos las claves del Toreo. Es necesario conocer a la cabaña brava, así como las pintas y descifrar el comportamiento de los toros, que es lo más difícil.

Asimismo, comprender la técnica del toreo en términos generales, lo cual implica una percepción muy particular acerca de este maravilloso espectáculo. La cultura taurina es fundamental, por lo que el periodista debe interesarse en leer y conocer la historia del toreo, lidiadores antiguos e interesarse por ir al campo bravo.

En este terreno, una obligación fuerte es la de ofrecer argumentos sólidos para sustentar una opinión y no solamente decirla al aire. Aquí entra también el rigor de la especialización que el comunicador debe tener sobre el tema del cual opina, mismo que lo diferencia de los “opinólogos” de redes sociales, por ejemplo.

En lo personal, siempre he creído más en la crítica constructiva que en la destructiva. Y ojo que digo “crítica”, más no “criticonería”, pues esto último carece de sustento o fundamento, y se acerca más al papel de juez absoluto de una historia en la que el comunicador es sólo un servidor y nunca el más importante.

Los periodistas no cambiamos el entorno o nuestro mundo. Simplemente informamos e interpretamos para que sean los públicos quienes determinen qué hacer, o bien las instancias correspondientes. Nuestra profesión es, reitero, de servicio para la sociedad.