Editorial

El rito del toreo

Por: Jorge Raúl Nacif – Director

No son pocos los que hablan del toreo como un rito, y en definitiva así es, pero en ocasiones esto no llega a quedar muy claro para buena parte de los aficionados e incluso los taurinos no comprenden esta esencia de la tauromaquia, por lo que en este texto intentaremos desmenuzarlo de forma sencilla.

¿Qué es un rito? Según la  Real Academia Española, es una costumbre o ceremonia. En una definición ampliada de un diccionario en línea, “se trata de una costumbre o ceremonia que se repite de forma invariable de acuerdo a un conjunto de normas ya establecidas. Los ritos son simbólicos y suelen expresar el contenido de algún mito”.

Sobre la primera parte de la definición que ofrecemos, resulta conveniente resaltar que la tauromaquia es efectivamente una costumbre que cuenta con una serie de cánones y pautas, misma que se ha constituido a lo largo de los tiempos como una tradición, primeramente en Europa, de donde surge y adquiere desarrollo, y después en muchos de aquellos pueblos americanos donde germinó el mestizaje.

Entendemos por “simbólico” aquellos elementos que expresan algo no concreto o evidente, o que representa o alude a un contenido más profundo, y la tauromaquia es precisamente el simbolismo del encuentro cara a cara con la muerte, para afirmar la vida, así como la representación de la fuerza de la naturaleza, interpretada en el toro, y la forma en la que el ser humano, con su valor y determinación, logra imponerse hasta conseguir una creación artística.

El toreo simboliza la vida misma y muchos de los valores humanos. El profesor Tierno Galván lo explica así, en su libro “Los toros, acontecimiento nacional”: “El espectador de los toros se está continuamente ejercitando en la apreciación de lo bueno y de lo malo, de lo justo y de lo injusto, de lo bello y de lo feo. El que va a los toros es exactamente lo contrario de aquel aficionado a los espectáculos, de quien dice Platón que no tolera que le hablen de la belleza en sí, de la justicia en sí y de otras cosas semejantes.”.

Apegándonos a la definición, naturalmente que podemos considerar al toreo como un rito. Aunque muchos lo suponen como tal, lejos está la tauromaquia de ser un deporte, aunque impliqué el esfuerzo físico de quien la lleva a cabo.

En un sentido hondo, que nace dentro de los aspectos religiosos y en el cerco de las creencias de los pueblos, el toreo es también un rito sacrificial. El toro muere tras la lucha, es inmolado y ofrenda su vida. Sin embargo, en este proceso también puede morir el hombre… y este es uno de los valores fundamentales del espectáculo taurino.

Dado su carácter de tradición y representación simbólica, así como la creación artística que en el toreo moderno queda de manifiesto, la tauromaquia se inserta más en el ámbito de la cultura.

Ahora bien, el rito en el toreo puede entenderse desde una perspectiva más global, y no sólo en lo que propiamente sucede en el ruedo entre el toro y el torero. La tauromaquia es, en sí misma, un rito en cuanto al proceso general que desemboca en esa unión del hombre y el animal dentro de un coso taurino.