Editorial

La crónica taurina

Por: Jorge Raúl Nacif – Director

La crónica taurina es un ejercicio artístico. Y es que trasciende los límites de lo periodístico y toca las fronteras de la literatura con peculiar gracia, llevando al lector al lugar de los acontecimientos mediante una aguda descripción que tiende a convertirse en interpretación.

Como genero híbidro, efectivamente responde a las preguntas básicas del periodismo -qué, quién, dónde,cuándo, cómo, por qué y para qué-, pero más allá de la frialdad de una nota informativa, el cronista siente… para hacer sentir.

En alguna ocasión me preguntaban mis alumnos -de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García- sobre la principal cualidad de un cronista. No dudé en responder: “La sensibilidad”.

Mediante esta virtud del alma, el profesional de la información capta la esencia de un acontecimiento, pero no solamente a través de los sentidos, sino también del espíritu. Es ahí donde la pluma toma vuelo y parece escribir sola.

Por lo tanto, el cronista contemporáneo debe alejarse del acartonado orden cronológico. El término “crónica” no significa “crónológico”, sino viene del concepto “tiempo”, debido a aquel dios primigenio de la cultura griega, “Chronos” -no confundir con el titán “Cronos”-. Lo anterior significa que la crónica narra sucesos insertados en el tiempo y no acontecimientos abstractos. Y hasta ahí.

Lo mejor siempre será jerarquizar el orden; es decir, de lo más a lo menos importante. Y si algo careció de relevancia, tal vez no valga la pena ni mencionarlo… o bien dedicarle solamente un par de líneas. Así, vamos enganchando al lector y construyendo nuestro texto con base en lo más destacado, de lo que se desprende “la historia de la corrida”.

Una buena crónica es un relato pormenorizado, pero lleva ritmo. Por ello, no es necesario detenernos en detalles insignificantes o secundarios, los cuales son caldo de cultivo para otro género periodístico, como es la nota de color.

De esta manera, nuestro texto informa e interpreta los acontecimientos, ofreciendo nuestro particular punto de vista. Siempre, vale aclarar, con respeto y argumentos sólidos. Acá no se trata de destruir, sino de construir. Ese es el valor con el que fui educado dentro de mi ética periodística.

En cuanto al contexto, cabe señalar que, aunque ya existían antecedentes en cuanto a la relación de lo sucedido en un festejo, se considera históricamente como la primera crónica taurina el texto publicado el 20 de junio de 1793 en el Diario de Madrid, lo cual recordamos por tratarse de un hecho importante.

Aquel texto, describía lo sucedido en una función taurina celebrada en Madrid el 17 de junio de 1793, en la que se corrieron toros por la mañana y por la tarde. Según relata el texto, fueron seis astados en la parte matutina y 12 en la vespertina, lidiados por los hermanos Pedro, José y Antonio Romero.

Como dato anecdótico, la crónica fue firmada simplemente por “Un curioso” y enviada al Diario de Madrid “por si gustan darla a la prensa”.