Alamares

Si no fuera por ti…

Por: Raúl Reyes – Especial

Amigos, es un placer saludarlos. Hoy inicio una aventura más en mi vida en los medios taurinos; en este portal, Espectro Taurino, mi casa, además de la fotografía, y la “Memoria Viviente”, les quiero compartir mi columna semanal “Alamares” la cuál deseo sea de su agrado.

Si no fuera por ti…

Voy a comenzar estas líneas con un recuerdo especial para quien fue una parte importante en mi vida. El señor Eugenio Reyes González, mi papá. El martes 2 de junio iba a cumplir 77 años de edad y el miércoles 3 cumplió un mes de que partió de este mundo, pues sin podernos decir adiós se fue el 3 de Mayo, si como taurino, en domingo. Ha sido días difíciles para un servidor y mi familia, pues ya no está con nosotros un ser al que admiro, respeto, amo y que al final entendí su manera de ser. Su ausencia me ha dejado marcado y sé que ya nada será igual.

Es gracias a mi padre que me convertí en aficionado a la más bonita de las fiestas. En mi cuerpo corre sangre taurina y lo reconozco, es herencia.

Justamente cuando yo era niño, recuerdo que íbamos juntos a los toros; esa pasión que me compartió y que disfruto enormemente cada oportunidad que tengo de estar en alguna plaza. En los 90’, para ser preciso 1993, fue el año en que me convertí en aficionado taurino, yo contaba con apenas 6 años de edad. En honor a la verdad, cómo a cambiado todo, pues antes podíamos comer dentro de la plaza alimentos y bebidas traídos de casa, y ahora ya está prohibido, además de que es caro lo que se ofrece en la Plaza México, pues para la economía del país es muy difícil hacer gastos y más si vas con un número considerable de familiares.

Cerca del metro San Antonio está el Soriana, antes Gigante; ahí íbamos a comprar lo que más tarde disfrutaríamos en el festejo. Unas papas, cacahuates, un refresco y sus cigarros, pues las tortas que nos había mandado mi mamá ya estaban en la mochila junto a los binoculares para ver mejor, y de ahí vámonos caminando a nuestro destino.

Y cómo olvidar recorrer La México, ese enorme recinto que en su historia ya tenia paginas gloriosas, y las que le faltaban por escribir. De su mano pasamos puesto a puesto a ver que podría pedirle para llevarme a casa. El sonido de los pasodobles del maestro Genaro Núñez, las cabezas de toro, cuadros, carteles, capotes, muletas, banderillas, esculturas, libros, trajes de luces, y hago un pequeño paréntesis, pues yo le dije a papá, “cómprame uno porque yo quiero ser torero” y me contesto: “para ser torero se necesita mucho valor, mejor dedícate a estudiar” y vaya que tenia razón.

La vocación de quienes se juegan la vida es con valor, y no solo al pararse frente a un animal de 500 kilos, se necesita para afrontar todo lo que implica la profesión. Entramos al festejo y quedé maravillado con el color. El Cielo Andaluz que eriza la piel y el grito de ¡olé! más.

No recuerdo quien partió plaza y la fecha exacta de ese festejo, lo que si es que escuchaba las platicas de mi padre con los aficionados del tendido general de sol, justamente en la división de Sol y Sombra. Al término de la corrida, salimos de la plaza y me compro mi primer cassette de música taurina y una montera, eso me puso muy contento.

Al tiempo después me compro un capote, varios LP de pasodobles, y juntos comenzamos la colección de carteles y boletos que hasta la fecha conservo. Así comenzó mi afición al toro. Fueron muchas tardes tomado de su mano y grandes instantes que se han quedado en mi alma y que hoy que ha partido, sólo puedo decir gracias viejito, por todo lo que hiciste de mi.