Editorial

Auténtico o mecánico

Por: Jorge Raúl Nacif – Director

El toreo no debiera ser un ejercicio mecánico. Por el contrario, ejercer la tauromaquia implica dejar el alma al descubierto y lanzarse al vacío para crear una obra que, desde mi óptica, llenará más nuestros corazones en la medida en la que tienda a lo artístico.

No existe algo más soso que el toreo mecánico, aquel que es ejecutado por inercia y sin estar empapado de cierta dosis de abandono; claro, cuando las condiciones del toro y la adecuada lidia lo permitan. Este es uno de los males del toreo actual.

¿Cuál es la actualidad? En mi perspectiva, desde que dejaron de torear esa última gran camada de figurones del toreo, como lo fueron David Silveti, Miguel Espinosa “Armillita”, Jorge Gutiérrez o Manolo Mejía, entre otros, así como aquel refilón en el que tiraron del carro las también figuras Eulalio López “Zotoluco” y Rafael Ortega.

Mi abuela Aurora Navarro tiene 101 años cumplidos. Ella vivió la llamada “Época de Oro” del toreo mexicano y ha atestiguado innumerables tardes, ya a últimos tiempos a través de la televisión. Sin temor a equivocarme, es de las pocas personas que puede presumir haber visto el desarrollo del toreo, desde Juan Silveti Mañón y hasta los toreros jóvenes que actualmente escalan el escalafón.

Al preguntarle sobre la actualidad, su respuesta fue corta pero contundente en demasía: “Los toreros actuales sólo torean por torear”. De esta certera frase puedo extraer que, desde su óptica, hoy en día se torea de una manera muy mecanizada. Casi sin importar las condiciones del toro, no pocos diestros llevan la faena hecha y cuidan mucho las formas, pasando por alto el fondo.

Tal vez hoy se toreé técnicamente mejor que nunca. Quizá jamás en la historia se habían acortado tanto los terrenos. Es posible que el toreo actual sea incluso el más templado. En la actualidad hay grandes profesionales del toreo y de estupenda formación. Mis respetos para todos ellos, pero algo falta…

La ausencia de figuras puede deberse a muchos motivos, ni duda cabe. No obstante, estoy convencido que uno de éstos es la mecanización actual del toreo, lo que lleva, por ejemplo, a una preocupante ausencia de variedad y también decantarse por aquello que, siendo superficial, trasciende poco en el tiempo.

El toreo superfluo no deja huella. Me es difícil nombrar más de diez grandes faenas de los últimos tiempos. Me queda claro que aficionados mayores que yo, seguramente recuerdan los nombres de muchísimos toros y grandes trasteos que disfrutaron. Lo auténtico permanece; lo mecánico se esfuma rápido.

Naturalmente que no todos los toreros actuales caben en este saco. Cada quien sabrá si entra o no. La dejo botando para la reflexión, pues se habla mucho del toro pero no del torero.