Editorial

Honor a quien honor merece

Por: Jorge Raúl Nacif – Director

Ayer domingo murió don Jorge Ramos Sandoval, taurino irredento durante más de una década ocupó de manera frecuente el biombo de la autoridad en la Plaza México y trabajó de manera incansable para aportarle un granito de arena a la Fiesta Brava mexicana.

Jorge Ramos fue un hombre que siempre mostró seriedad en su papel como Juez de Plaza. Pocas veces envuelto en absurdas polémicas, demostraba siempre un perfil bajo y dejaba que su trabajo hablara por él.

Continuamente se le veía “en el ajo”, ahí en los eventos taurinos donde se daban cita los integrantes de este medio que, ciertamente, no es de fácil navegación. No obstante, mi tocayo nunca buscaba el protagonismo ni darse “su taco” como Juez de Plaza del coso monumental de Insurgentes.

El papel de Juez de Plaza es el más ingrato de cuantos existen dentro de la tauromaquia. Finalmente, nunca queda bien con nadie y continuamente es blanco de toda clase de críticas, ya sea por parte de los toreros, del público y, claro está, de los medios de comunicación.

Evidentemente que ocupar el palco de al autoridad requiere un profundo conocimiento de la Fiesta. Sin embargo, el toreo es un espectáculo que raya en la subjetividad y el hecho mismo de “impartir justicia” se convierte en un ejercicio muy complejo. Algunas cualidades que valen la pena serían la prudencia y la sensibilidad taurina.

Lo que no tiene vuelta de hoja -sin dejar de lado el sentido común- es el hecho mismo de cumplir y hacer cumplir el Reglamento Taurino, para entonces poder defender los intereses del público. La voluntad a toda prueba permite no dejarse amedrentar por los múltiples “dimes y diretes” que permean en el entorno taurino.

Mis respetos para todos los jueces de plaza y mi eterno recuerdo a don Jorge Ramos Sandoval, pues con su vida dio ejemplo de integridad en el pensar y el actuar.