Alamares

El genio detrás de la figura

Por: Raúl Reyes – Especial

Manolo Martínez Ancira ha sido uno de los toreros más importantes de nuestro país. Este 16 de agosto del 2020 se cumplen 24 años de su muerte, y al paso de los años nadie ha podido llenar el lugar dejado por él, tanto así que nuestra baraja necesita de un matador con ese arrastre que tenía el “Demonio de pasión” como nombró Guillermo H. Cantú el libro del diestro de Monterrey.

Un hombre de gran personalidad, que llenaba plazas y causaba conmoción con solo anunciar su nombre en los carteles. El revuelo se generaba, incluso provocaba broncas en las taquillas para conseguir un boleto para poder verle.

En una entrevista escuche decir al Dr. Alfonso Gaona, quien fuera empresario de La México durante años, que con solo tres días de anticipación al festejo, anunciaba al regiomontano, y en menos de 24 horas se agotaba el boletaje. Esto fue una gran hazaña que pocos han logrado, pero el llamado “mandón” lo hizo en muchas tardes, dándose el lujo de encerrarse en la Plaza México, la más grande del mundo, su plaza, y la que abarrotó hasta el reloj.

Manolo era parco, de pocas palabras, y la mejor manera de comunicarse con la afición era con su capote y muleta. En el ruedo mostró carácter, genio y dominio. Fue entendedor del toro y la lidia; incluso, el periodista Renato Leduc comentaba que pensaba como toro, pues sabía las cualidades que podían dar los astados en la arena.

Dotado de arte y de una gran técnica, toreaba para él para poder transmitir al tendido, lograr emocionar y encender la pasión, esa que ya no se ve, que “istas” y “antis” ponían la sazón en la plaza y se hablaba por todos lados de toros y de lo que había hecho Manolo el domingo, y el siguiente, y toda la temporada.

Sus chicuelinas tan personales, ejecutadas con lentitud, deteniendo a placer el tiempo, y siendo dueño de la escena. Con la muleta se recreaba al derecho y al natural, sellando con el martinete, de su creación.

El maestro Pepe Alameda decía que “el toreo no es graciosa huida, sino, apasionada entrega”, así vivió siempre su profesión.

Se presentó como novillero en la desaparecida plaza de La Aurora, el 1 de noviembre de 1964. En La México lo hace el 20 de junio del siguiente año.

Tomó la alternativa en su tierra. Fue el “Ave de las Tempestades”, Lorenzo Garza, quien le cede los trastos torisidas para convertirse en matador de toros el 7 de noviembre de 1965. En 1967, en la Plaza “El Toreo” de Cuatro Caminos, Martínez alternó en mano a mano con Manuel Capetillo; así se dio la transición de un sitio privilegiado.

El 20 de Mayo de 1970, confirmó su doctorado en Las Ventas de Madrid, Santiago Martín “El Viti” fungió como padrino. El toro de la ceremonia se llamó “Santanero” de la ganadería de Baltasar Ibán, el cual se lo brindó a su amado país.

Manolo también fue golpeado por los toros. En su carrera taurina sufrió 17 cornadas, pero una de éstas lo puso al borde de la muerte; fue la de “Borrachón”, de San Mateo, el 3 de marzo de 1974, percance que le seccionó la safena y la femoral.

Después de 18 años de carrera triunfal, decide retirase. El 30 de mayo de 1982 en la Monumental Plaza de Toros México, ahí se encerró con seis toros, tres de San Miguel de Mimiahuápam y 3 de San Martín.
Tarde emocionante; el marco, un llenazo. El epílogo fue el corte de tres orejas y un rabo, éste al ejemplar “Toda una época”.

Regresó cinco años después, el 28 de marzo de 1987 en la plaza “Santa María”, de Querétaro. La última tarde vestido de luces es el 4 de marzo de 1990 en un mano a mano con Jorge Gutiérrez.

El diestro regiomontano hizo un viaje a Estados Unidos porque iba a hacerse un trasplante de hígado, y es el 13 de agosto de 1996, cuando es ingresado e internado en el hospital, La Jolla, en California.
Tras su muerte, el mundo del toreo se paralizó, se hicieron los trámites necesarios para su funeral. Sus restos fueron velados primero en Monterrey, después en la Ciudad de México.

En el coso de insurgentes, recinto que durante años conquistó, le rindió tributo a su torero en una misa de cuerpo presente. Sus cenizas estuvieron en el gran escenario durante tres años para después trasladarlas a su ciudad natal.

Fueron 17 años donde Manolo Martínez fue amo y señor de la fiesta…