Editorial

La última tarde de Silveti

Por: Jorge Raúl Nacif – Director

Hace 52 años, la tarde del 1 de septiembre de 1968, en la localidad de Comacalco, Tabasco, el maestro Juan Silveti Reynoso vivió su última corrida de toros, efeméride que da pie para recordar a uno de los diestros referenciales en la historia de nuestra tauromaquia.

Silveti Reynoso continuó el legado de su padre, Juan Silveti Mañón. David y Alejandro Silveti siguieron con el paso de la dinastía, misma que hoy en día representa su nieto Diego Silveti.

Este días nos han llevado a reflexionar sobre la importancia que ha tenido Juan Silveti en el toreo mexicano, no solamente como parte de una de las dinastías más relevantes en el planeta de los toros, sino también por la huella que en sí mismo dejó en los ruedos.

Nacido el 5 de octubre de 1929 en la Ciudad de México y con todo el legado de Juan Silveti Mañón, recibió la alternativa como matador de toros el 15 de enero de 1950 en la Plaza México, de manos de Fermín Rivera y bajo el testimonio del portugués Manolo Dos Santos, delante de un toro llamado “Colegial”, de La Laguna.

Dos rabos cortó Juan Silveti en este monumental escenario capitalino, ambos en 1960. El primero de ellos fue el 10 de abril, al toro “Holgazán”; de la Laguna, en tanto que el segundo aconteció el 8 de mayo, al cuajar a “Esclavino”, de La Punta.

La confirmación en Las Ventas de Madrid fue la tarde del 17 de junio de 1951. El padrino de la ceremonia fue Antonio Bievenida y el testigo Manolo Dos Santos, con el toro “Pavito”, de la ganadería de Manuel Sánchez Cobaleda.,

El Hijo del Tigre abrió por vez primera la Puerta Grande de Las Ventas la tarde del 25 de mayo de 1952, cuando cortó dos orejas a toros de Pablo Romero, día en el que tuvo que lidiar cuatro ejemplares debido a los percances de Rovira Pablo Lozano.

La segunda tuvo lugar la tarde del 12 de octubre del mismo 1952, cuando se encontró con un toro de El Conde de la Corte y lo desorejó luego de una faena de altos vuelos.

Uno de los triunfos más destacados de Juan Silveti,  además de los ya mencionados, ocurrió el 17 de junio de 1954 en La Maestranza de Sevilla, tarde en la que le cortó dos orejas a un ejemplar de Salvador Guardiola y fue paseado en volandas.