Editorial

La verdad en el toro

Por: Jorge Raúl Nacif – Director

Vale la pena reflexionar sobre la gran verdad del toreo, la cual consiste en que el torero -en aras de una creación artística- pone en riesgo su propia vida y realmente el hombre puede morir en el ruedo. No hemos querido hablar de los antitaurinos, pues muchos de ellos poco comprenden y se alegran despiadadamente con la muerte de un ser humano.

Y es que no pocas veces olvidamos que los toreros, en mayor o menor medida, se coloca frente a la posibilidad de salir lastimados… o no salir. Es triste que tenga que llegar un percance de esta magnitud para que entremos en conciencia de la verdad que hay en el toreo y que no es un juego.

Es cierto, como habíamos manifestado en alguna otra columna, que existe una técnica definida para evitar los percanes, o incluso “trucos” -como dicen algunos- para reducir los riesgos, pero no olvidemos que el error es intrínseco a la naturaleza humana, pues no somos perfectos. Y en esta tesitura -si llega la equivocación- puede venir el desaguisado.

El toro, además, se guía por su instinto al ser un animal. Y aunque se puede conocer e incluso poder llegar a dominar el comportamiento de un toro, ahí existirá siempre la posibilidad de alguna reacción inesperada, como nos lo han llegado a comentar algunos matadores, aunado a que cada toro es diferente al otro.

No es mentira, o solamente discurso, que todos los toreros se exponen cuando entran a un ruedo. Y también es verdad que todos los toros tienen su peligro, aunque a veces no lo parezca o haya algunos que lo manifiestan más que los otros. Hemos visto como toros que se tachan de mansos o “bobos”, han terminado pegando cornadas serias.

Un toro no necesita ser el mastodonte de 650 kilos para causar un percance serio. Las reses de lidia tienen peligro intrínseco, aunque se trate de una becerra en el campo, pues ésta te puede lastimar. Recordamos, por ejemplo, que José Rubén Arroyo perdió un ojo en el campo, delante de una vaquilla, o el gravísimo percance que vivió el maestro Antonio Bienvenida delante de una vaca, que a la postre lo llevó a la muerte.

Cierto es que la “bravura rebajada”, como lo que sucede en varias ganaderías que en el ambiente se suelen llamar “comerciales”, manifiesta o proyecta de cara al tendido un menor peligro y más “docilidad” para el torero, como se dice, pero esto no significa que de tajo se eliminen completamente los riesgos.

La gran reflexión es que siempre hay que ver con respeto a lo toreros y en este tenor describir, o incluso juzgar, las actuaciones que éstos tienen delante de los toros, máxime si se trata de personas que laboramos en algún medio de comunicación.