Editorial

Aquella tarde en Pozoblanco…

Por: Jorge Raúl Nacif  – Director

Una de las tragedias más grandes en la historia del toreo sucedió en la plaza española de Pozoblanco. El 26 de septiembre de 1984, el toro “Avispado” le arrebató la vida a Francisco Rivera “Paquirri”, que ocupaba ya el sitio de figura del toreo.

Lo acontecido en Pozoblanco ha trascendido más allá de los toros a lo largo de estas tres décadas, no sólo por la relevancia del personaje, sino porque este hecho volvió a recordar una verdad que muchas veces olvidamos, y es que los toreros verdaderamente se exponen en los ruedos.

El cartel de aquella corrida estaba también integrado por José Cubero “Yiyo” (que poco tiempo después también sufriría una cornada mortal) y Vicente Ruiz “El Soro”, ante los toros de la ganadería de Victoriano Sayalero y Juan Luis Bandrés.

Al primero de su lote, Paquirri le cortó una oreja. Entonces saltó al ruedo “Avispado”, número 9 y de 435 kilos, al que recibió de capote. Fue precisamente en un lance cuando se produjo el trance que a la postre fue mortal.

El pitón del toro se hundió con fuerza en el muslo derecho de Paquirri, en unas escenas verdaderamente escalofriantes e interminables, pues el cuerno estuvo penetrando por muchos segundos.

La magnitud de la cornada, que le destrozó el muslo y las arterias más importantes, sembró el pánico en la enfermería de la plaza, un coso de tercera categoría.

Con reciedumbre y entereza, Francisco se dirigió al médico:  “Doctor, yo quiero hablar con usted. La cornada es fuerte. Tiene al menos dos trayectorias, una para acá y otra para allá. Abra  todo lo que tenga que abrir; lo demás está en sus manos. Y tranquilo”.

Debido a la gravedad del percance y la imposibilidad de atenderlo de la mejor manera, Paquirri fue trasladado en ambulancia rumbo a la ciudad de Córdoba, en un recorrido de 70 kilómetros, pero murió desangrado apenas entraba el Hospital Militar, alrededor de las 21:30 horas de aquel día. Sus restos fueron sepultados en Sevilla, en el Cementerio de San Fernando, frente a la tumba de Joselito El Gallo.

Francisco Rivera “Paquirri” tenía ya 18 años como matador de toros. Nacido el 5 de marzo de 1948 en Zahara de los Atunes, Cádiz, tomó la alternativa en la Monumental de Barcelona el 11 de agosto de 1966, llevando como padrino a Paco Camino y, por testigo, a Santiago Martín “El Viti”, ante toros de Urquijo de Federico.

El año siguiente confirmó el doctorado en Las Ventas de Madrid, lo que tuvo lugar el 18 de mayo de 1967. Fue su padrino nuevamente Paco Camino, en presencia de José Fuentes.

El año 1979 fue de los más importantes de una trayectoria que ya se había consolidado. Primero, fue el máximo triunfador de la Feria de Abril, en Sevilla, y después cortó tres orejas en Madrid, dentro de la Feria de San Isidro, para abrir la puerta grande. También llevó a cabo temporadas en América, con éxitos de mucha relevancia.

La huella de Paquirri permanece imborrable y con más vigencia que nunca. Un torero de una raza indomable, ejemplo de pundonor y profesionalismo; un hombre que perdió la vida en aras de su vocación y con la grandeza que siempre otorga el vestirse de luces para salir a darlo todo en el ruedo.