Editorial

Deseo estar equivocado

Por: Jorge Raúl Nacif – Director

Cuando días tras día dedicaba mi vida al periodismo taurino, en innumerables ocasiones se me pidió que intentara ver siempre lo bueno y hablar lo mejor posible, pues “la Fiesta se está muriendo y terminaríamos de matarla si hacernos alguna crítica fuerte o exponemos con toda claridad el estado de salud de la misma”.

No obstante, siempre intenté mantener por lo menos cierto espíritu crítico, con base en la objetividad de los sucesos.  Ahora no me gano el pan dentro de la Fiesta, así que en esta etapa de mi vida puedo exponer mis ideas con mayor claridad.

La crisis derivada del Coronavirus vino a impactar a un medio que desgraciadamente ya daba “patadas de ahogado”. Inmerso en un ambiente hostil dentro de la sociedad y de cara a los gobiernos,  la desunión al interior y los malos manejos abonaban ya en detrimento de la tauromaquia, tanto en México como a nivel internacional.

Para nadie es un secreto la dramática reducción de festejos de diez años a la fecha. La ausencia de patrocinios provenientes de las grandes marcas, da al traste con los esfuerzos empresariales, aunado a la escasez de público en los tendidos. La “sana distancia” existe desde hace tiempo en  las plazas de toros, salvo en contadas excepciones.

No voy a ocultar los pésimos manejos que no pocas veces se dan al interior de la Fiesta Brava, así como la ausencia de un buen número figuras, la mansedumbre galopante en varias ganaderías y los abusos de tanta gente.  Sin embargo, el ambiente exterior es tan complejo que, aún haciendo las cosas maravillosamente bien, el tema no sería fácil.

Haciendo un analogía con el cuerpo humano, este bicho impactó en una persona enferma. Asmático y diabético, es complicado que el paciente salga avante, a diferencia de otras industrias que poco a poco van avanzando. Si la Fiesta ya batallaba, no quiero ni pensar lo que se viene. Es de aplaudir, sin embargo, el esfuerzo por reconstruir y el surgimiento de plataformas como Tauronet.

¿El fin de la tauromaquia? Tal vez de momento no. Sí, en cambio, un adelgazamiento más notorio y delicado. ¿Soy negativo? Más bien diría que esta columna es lo más realista posible. La mera verdad, “está cabrón”, perdonando la expresión soez.

Muchos entes dentro de la Fiesta echan adelante por pura afición y creo que esto es la piedra angular para que todavía haya toros, al menos en México, pero como le escuché decir alguna vez al maestro ecuatoriano Mariano Cruz Ordóñez, “la ilusión también se cansa”.

Deseo con toda mi alma estar completamente equivocado. El tiempo dirá.