Editorial

La superficialidad

Por: Jorge Raúl Nacif – Director

En el toro, y en la vida misma, los seres humanos nos detenemos en la forma de los acontecimientos o las cosas… pero pocas veces vemos el fondo. La superficialidad es el “pan de cada día”; vivimos en un mundo de apariencias y en el que la autenticidad ha perdido terreno.

¿Qué le hace en realidad daño a la Fiesta? En síntesis, que aquellos que forman parte de los estamentos taurinos no hagan “su chamba” como les corresponde y no exista verdadera unión. Muchas veces se ha dicho que el enemigo principal está en casa, sentencia que no se encuentra muy alejada de la realidad.

Lo que le hace daño a la Fiesta en nuestro país es el descastamiento del toro bravo a lo largo de los últimos tiempos en varias ganaderías, o bien que se envíen astados a la plaza sin la edad reglamentaria de los cuatro años cumplidos.

Lo que le hace daño a la Fiesta es que los intereses pesen más que la verdad y  que el sistema se cierre cada vez más, que se piense poco en el aficionado y mucho en complacer “caprichos” de diferentes entidades en el mundo de la tauromaquia.

Aquello que en realidad pesa es la falta de justicia, misma que no se circunscribe solamente al planeta del toro, sino que es una cruda manifestación de nuestro mundo de pacotilla. La liturgia que representa la tauromaquia se desvanece poco a poco y, aunque todo evoluciona, sería interesante que fuera para bien.

Afecta que la grandeza cada vez sea un valor menos visto en las plazas de toros, que no pocas veces se convierten en gigantescos antros o cantinas, cuando acudir al tendido es como ir al teatro… o a misa, parafraseando a Búfalo, el incansable compañero de Juncal.

Trabajemos todos por una mejor Fiesta. Dejemos de fijarnos tanto en la forma y pongamos toda nuestra atención en el fondo del objeto principal de estudio, sobre todo en esta época tan complicada debido a la pandemia del Coronavirus. Lo demás, son superficialidades.