Editorial

Un doctorado de lujo

Por: Jorge Raúl Nacif – Director

Fue un día como hoy, 30 de noviembre, pero de 1997, cuando el entonces novillero Alfredo Gutiérrez se convertía en matador de toros luego de una interesante etapa en las filas menores, acontecimiento que tuvo lugar en el marco de la Temporada Grande de la Plaza México.

La ceremonia tuvo tintes especiales, pues la cesión de trastos corrió a cargo de su tío, el maestro Jorge Gutiérrez, mientras que el testigo fue el valenciano Enrique Ponce, que ya desde aquellos tiempos era todo un consentido de la afición capitalina, de tal suerte que el cartel era de los más fuertes de aquella campaña.

Para el registro estadístico, el toro del doctorado llevó por nombre “Novel” y procedió de la ganadería de De Santiago. Gutiérrez se convirtió en matador de toros y entró en ese momento al selecto grupo de toreros que han tomado la alternativa en la Plaza México.

Éste fue el doctorado número 25 concedido en el coso monumental de Insurgentes, donde tomó la alternativa su propio tío Jorge, en 1978, así como toreros del calado de Juan Silveti, Jorge Aguilar “El Ranchero” (su segundo doctorado, tras renunciar al primero), Rafael Rodríguez y José Tomás, entre otros.

Alfredo llegó a la alternativa con apenas 19 años de edad, pues nació en la Ciudad de México el 8 de septiembre de 1978. Su carrera novilleril tuvo momentos exitosos y contó con la Plaza México como uno de sus escenarios talismán y punta de lanza para ir a más.

Debutó en el coso de Insurgentes el 4 de agosto de 1996, ante una novillada de Carranco y acartelado con el español José Antonio Iniesta y el regiomontano Enrique “El Cuate” Espinoza. Durante aquella campaña menor de 1996 había dejado ya un buen sabor de boca, pero fue la de 1997 su despegue definitivo.

Un gran triunfo obtuvo el 1 de junio de aquel año, en la primera novillada del ciclo, pues desorejó a un ejemplar de Hernando Limón y conquistó la salida en volandas. Aquella campaña rivalizó especialmente con Julián López “El Juli”, que con 14 años de edad regaló una temporada de ensueño.

Incluso ambos toreros sostuvieron un mano en la recta final de la Temporada Chica, peleando las palmas en quites y hasta en banderillas, suerte que Alfredo se animó a realizar para no quedarse atrás del joven espada madrileño, que por aquel entonces cautivaba también en el segundo tercio.

Alfredo Gutiérrez siempre ha sido un buen torero en todos los sentidos, profesional y con un destacado desarrollo técnico.