Editorial

Cuando un amigo se va

Por: Jorge Raúl Nacif – Director

El Año Nuevo no pudo arrancar peor. La madrugada del sábado falleció en la capital el matador Antonio Vega, con quien sostuve una relación de amistad por más de una década.

El matador Vega deja un hueco difícil de llenar. Sin temor a equivocarme, fue la persona que más me enseñó de toros, pues era un hombre de alta cultura taurina y siempre se manifestó abierto para “chanelar” a diestra y siniestra.

La nostalgia invade mis pensamientos al momento de redactar estas letras. Y es que compartimos juntos un sinfín de viajes para coberturas periodísticas, pues era amigo de casa. Las charlas taurinas no cesaban a lo largo de los miles de kilómetros que recorren las carreteras de este país. 

Gracias a Antonio Vega pude adentrarme un poco más en la técnica del toreo, conocer a lidiadores antiguos y entender, en realidad, de qué trata este maravilloso arte. Como era un estupendo conversador, cuando tomaba confianza era difícil detener aquel torrente de ideas a comunicar.

Lo más importante es, sin embargo, el factor humano. El matador Vega fue un nombre bueno, amable y generoso; es por ello que siempre valoré su amistad. Es más, yo diría que lo veía como un tío abuelo, tanto por la diferencia de edad como por la sabiduría que emanaba de sus palabras.  

Y así como yo disfrutaba pasar tiempo con él, me queda claro que Vega de igual manera lo pasaba muy bien.  Me honraba que el matador también me considerara su amigo… y así me lo manifestó siempre más allá del toro.

Cuando lo invité a presentar mi libro “Conceptos Taurinos”, se emocionó hasta las lágrimas. El día del evento se notaba nervioso. Era normal, pues aquel día debutó en un presídium. Preparó algunas ideas y las apuntó en una hoja de papel, para luego hacer uso de la palabra y estar realmente bien, por lo sereno y conceptual.

No cabe duda que lo vamos a extrañar. Antonio (Alejandro de la Vega, para los no taurinos) era un hombre muy sensible. Tanguero de corazón y abogado por profesión, encontró en el toreo una pasión incombustible. Poco importó si llegó tarde a la Fiesta como torero, porque supo disfrutar cada paso que dio.

¡Hasta siempre, mi querido matador!